La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

El día radical nazareno

Primer viernes de marzo: palabras con sonido de saetilla, color de lirio, tacto de carey, olor a incienso y esparto

Se suele olvidar que las dos primeras acepciones de la palabra radical son "perteneciente o relativo a la raíz" y "fundamental o esencial". En este sentido hoy es el día radical de los primitivos nazarenos de Sevilla, el día raíz, fundamental, esencial. Hay otros días radicales para los devotos de Jesús Nazareno, porque es sabido que las raíces se diversifican. Pero de todos ellos hoy es el más hermoso, más luminoso y más nuestro. Primer viernes de marzo en San Antonio Abad: palabras que tienen sonido de saetilla, color de lirio, tacto de carey, olor a incienso y esparto, luz de vira de oro de las tardes de marzo.

Hoy es el día radical en el que más siento fundirse los ritos colectivos y los cultos solemnes que nos hermanan a todos en la misma devoción con los diálogos solitarios con el Dulcísimo Nazareno en la capilla y con la devoción privada a su fotografía, en mi caso la que tantos años -desde que tengo memoria- estuvo en el despacho de mi padre y ahora que él descansa donde dentro de poco estará la proa del galeón del Nazareno, está en el mío.

Hoy es el día radical cuyo nombre luminoso de primer viernes de marzo en San Antonio Abad nos suena a los primitivos hermanos de cera morada como 8 de diciembre a los de cera blanca, viernes a los hermanos y devotos del Señor del Gran Poder, 18 de diciembre a los macarenos o 21 de noviembre a los de San Juan de la Palma. Días con nombre propio y con rostro, con sus propias largas memorias, con sus reencuentros con los ausentes.

Hoy es el día radical en el que el yo y el nosotros de los primitivos nazarenos se abraza aún con más fuerza que en la Madrugada. Porque el aparatoso y barroco esplendor del aparecerse en su paso de Jesús Nazareno, única imagen alegórica de Cristo en nuestra Semana Santa, único Nazareno que en vez de llevar la cruz la abraza y en vez de cargar con ella la exalta alzándola como un estandarte que proclama el In hoc signo vinces constantiniano, es la espectacular pero breve floración -poco más de cinco horas- de esta raíz enterrada en todos y cada uno de los días del año. Raíz que hoy empieza a botar de la tierra para hacerse tallo, creciendo a la vez que los días crecen hasta dar su fruto cuando las altas puertas de San Antonio Abad se abran -silencio, pueblo cristiano- y al aparecer la Cruz de Guía una saeta salude al primer titular de la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla.

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