Coge el dinero y corre

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Lo que diga Bezos

SECA de ideas, la prensa grande y pequeña, local, nacional e internacional, generalista o especializada observa esperanzada el desembarco de Jeff Bezos en el mundo editorial vía The Washington Post (250 millones de dólares le ha costado la adquisición). Bezos, propietario de Amazon, es un magnate atípico. Aunque ocupa el décimo noveno puesto en el ranking de millonarios de Forbes y su empresa es la séptima más innovadora según la misma revista, se parece poco a otros escualos de la misma liga: en vez de acumular beneficios astronómicos, prefiere reinvertir en los pilares del negocio, fortaleciéndolos ante futuras contingencias. El problema o la virtud es que el negocio es todo: desde los libros (la idea seminal) hasta el papel higiénico. Sus éxitos siempre han cristalizado lentamente. Hubo popes de Wall Street que pronosticaron su ruina. Pero ahí sigue Jeff, expandiéndose.

Kindle es quizás su producto estrella como fabricante. Y, al menos en parte, es en clave de libro electrónico como hay que interpretar su rutilante compra. TWP es, junto al New York Times, el periódico más prestigioso de Estados Unidos. Woodward y Bernstein destaparon desde esa redacción el caso Watergate. Ben Bradley fue finísimo director de orquesta entre 1968 y 1991. El filtrador Snowden eligió a la cabecera capitalina (y al británico The Guardian) como plataforma mediática. Bezos la aprovechará para nutrir a sus clientes de informaciones exclusivas y cualificadas. En ese sentido, la jugada es lógica.

No obstante, el propio Bezos ha aclarado que compra un negocio o, más precisamente, un modelo de negocio donde las claves son sobradamente conocidas y se basan en compensar paulatinamente con los ingresos por internet las carencias de la tradicional publicidad impresa, rascando en la medida de lo posible suscriptores que tapen la caída de las ventas en quiosco.

Otra cosa es que Bezos decida repensar el peso y la presencia del papel. No dejaría de ser paradójico que el rey del ebook rescatase al viejo y ajado emperador de la comunicación. Dada su tendencia a la diversificación, tampoco sería descabellado. La expectativa nunca debería pasar de ahí: este señor tan rico puede rodearse de periodistas, diseñadores gráficos, maquetadores e impresores que le propongan los cambios que el sector requiere para, como dice Pedro Tabernero, darle valor al objeto más allá de la noticia. Si el libro artesanal empuja, si se multiplican los editores independientes en busca de la diferenciación gourmet, si el público sigue dispuesto a pagar por productos originales y diferenciados, ¿por qué no van a poder aplicarse los mismos métodos a la prensa?

Lo que no parece justificado es que los dueños de los grandes periódicos esperen una pirueta maestra para copiarla. Llevan en esto toda la vida. Cualquiera que sea la solución que adopte Bezos (si es que adopta alguna), la alternativa podría, debería nacer de cualquiera de sus ya rivales. A la carcasa del periodismo físico le ha fallado la valentía de quienes siempre han tenido a mano la renovación.

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