hoja de ruta

Ignacio Martínez

El diputado 110

HA pasado una semana del Debate sobre el estado de la Comunidad Autónoma y los socialistas esperan con ansiedad la declaración de la renta de Javier Arenas, en respuesta al desplante torero de José Antonio Griñán, a mitad de su discurso, entregando la suya conjunta con su esposa a la presidenta del Parlamento andaluz. Por cierto, que fue un derechazo: realizó el pase con la mano derecha, según dan fe las fotos de la sesión. Y es curioso que gesto tan heterodoxo no cogiera por sorpresa a doña Fuensanta, que recogió el documento con toda naturalidad, señal de que había sido avisada de la maniobra.

Arenas todavía no se ha retratado y sus maliciosos adversarios se frotan las manos porque esperan un sueldo parecido al de su compañera Dolores Cospedal, que acumula entre el salario que le paga el PP como secretaria general y el de senadora más de 220.000 euros al año. Como puede verse, cuando se va perdiendo el partido, cualquier falta al borde del área anima a la afición.

El debate terminó, ha pasado una semana, y absolutamente nadie ha echado de menos una iniciativa que el presidente Griñán se había trabajado en los debates del 26 de mayo y 9 de junio. Era un teatrito bien ensayado con los jefes de Izquierda Unida. En el primer entremés, Mariscal explicó con pelos y señales lo injusto de que cada diputado le costara a su coalición 52.000 votos, mientras que a sus rivales les salía mucho más barato: 38.000 al PP y 36.000 al PSOE. Ahí Griñán argumentó que Andalucía es la región que tiene menos diputados por habitante.

En la segunda actuación, Valderas se quejó escuetamente de la falta de representatividad del sistema electoral andaluz y Griñán desarrolló una tesis doctoral sobre cómo con el criterio de la comunidad de Madrid, de un escaño por cada 50.000 habitantes, en Andalucía tendría que haber 167 diputados. O sea, 58 más.

Tan abierta sugerencia fue objeto en los días siguientes de no pocas críticas periodísticas, políticas y ciudadanas y se aparcó. Pero el presidente no se quedó con las ganas de ampliar la Cámara, al menos simbólicamente, y de camino hacer un guiño a los indignados. Es el diputado 110, una de las 37 resoluciones aprobadas al final del debate. Este diputado, rey o reina por un día, será el que defienda las iniciativas populares que lleguen al Parlamento autonómico, en representación de todos los firmantes. Un grupo de trabajo tiene ahora que establecer el mecanismo y el número de firmas. Viniendo de un Parlamento con tanto desequilibrio en la representación y en el que no ha habido una sola comisión de investigación en 15 años, suena a brindis al sol. Pero bienvenida sea la medida. Otro gesto torero heterodoxo.

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