José García-Tapial

El drama del talento en el exilio

ASÍ titulaba hace unos días este diario la situación de una quincena de edificios valiosos y monumentales, propiedad la mayor parte del Ayuntamiento hispalense tales como, entre otros, la antigua iglesia del convento de San Laureano o la Fábrica de Artillería. Calificación muy oportuna porque estos monumentos sevillanos se encuentran en grave estado, abandonados y ruinosos. Y no debiera ser así porque nuestro Ayuntamiento cuenta con suficientes y cualificados facultativos para vigilar sus constantes vitales, elaborar diagnósticos y proponer tratamientos y alternativas.

El Ayuntamiento de Sevilla es el propietario del mayor número de edificios monumentales de nuestra ciudad -y, tal vez, de toda Andalucía- cerrados y en estado ruinoso. En un rápido repaso podríamos añadir a los ya citados, el convento de San Agustín, los Baños de la Reina Mora, la iglesia de San Hermenegildo, la Puerta de Córdoba, la Torre Blanca de la muralla de la Macarena o el Molino de San Juan de los Teatinos. Por no citar otros edificios, si no monumentales, sí interesantes por su significación histórica, como las naves industriales de Renfe, la fábrica de vidrios de la Trinidad o la de sombreros, en Castellar. La conservación, mantenimiento y puesta en valor de todos ellos es responsabilidad municipal y no debe excusarse en la falta de recursos económicos. Muchos de ellos llevan más de treinta años en su poder, en circunstancias económicas mucho más favorables, sin que se les haya prestado mayor atención. Y no se argumente que no hay fondos ni destino claro para ellos: el caso del convento de Santa Clara, a pesar de estar rehabilitado sólo en una tercera parte, ya nos ha demostrado la gran capacidad que poseen estos edificios para acoger todo tipo de actividades, alguna de ellas impensables en un principio. No es un gasto sino una inversión rentable, incluso a corto plazo.

Por otra parte, afortunadamente, parece que el monasterio de San Jerónimo de Buenavista entra en su fase final de recuperación con la adjudicación de las obras que faltaban para su conclusión. Sobre estos dos ejemplos quiero llamar la atención sobre el hecho de que, en ambos casos, la propuesta de rehabilitación vino precedida por la redacción, por parte de los servicios correspondientes de la Gerencia de Urbanismo, de sendos Planes Directores en los que se analizaba el estado de la edificación, su historia, sus posibles usos futuros, alternativas de utilización y financiación, etcétera. Como se hizo entonces, si no hay fondos para acometer su rehabilitación sí se dispone, en cambio, de medios materiales y humanos suficientes para hacer levantamientos, estudios históricos y patológicos, elaborar alternativas y proponer destinos posibles. Documentos íntegramente redactados por los técnicos de la Gerencia, sin costes adicionales. Y, precisamente ahora que se cuestiona su papel, incluso su pervivencia, es preciso reivindicar el carácter de la Gerencia como herramienta capaz de abordar y afrontar muchos de los problemas del urbanismo y el patrimonio sevillano. Durante estos últimos años se ha potenciado, sobre todo, su papel como "controlador de la iniciativa privada", en detrimento del otro principio que también inspiró su fundación, como "promotor y generador de las iniciativas públicas municipales". Ahora que aquel papel ha disminuido su importancia, potenciemos este último y retomemos la iniciativa. Si no hay financiación pública suficiente acudamos a la privada, pero marcando, previa y claramente, las reglas y las prioridades públicas. Si esperamos sin más, sin establecer antes nuestros objetivos, a que aparezca la iniciativa privada nos podemos encontrar con propuestas como la del Corral de las Herrerías. Y lo que es peor, sin poder contraponer otra alternativa pública que no sea o el aparcamiento en superficie actual o el "tablao flamenco" privado.

Tomemos el ejemplo con el que se iniciaba el artículo citado: la iglesia de San Laureano. Estúdiense por parte de los técnicos de la Gerencia los posibles usos alternativos que podría asumir, entre ellos, por ejemplo, la de albergar la colección Bellver, que alguna vez se ha apuntado, así como los servicios que puede necesitar el barrio, incluso la posibilidad de admitir parcialmente algún uso lucrativo que ayude a su financiación. Difúndanse estas alternativas entre los sevillanos y, tras el debate, se podrá buscar una financiación para llevar a cabo el objetivo pretendido.

Tenemos un compromiso con el patrimonio de nuestra ciudad que ha de ir mucho más allá de reclamar unas simples inclusiones en una lista patrimonial, por muy universal que ésta sea.

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