Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Qué poco duran sus revulsivos

El Betis se olvida de la reacción que vivió tras la venida de Víctor y vuelve a la senda que le llevó adonde está

SI de por sí ya resultaba infamante ver al Betis ante un filial y en una ciudad deportiva, el juego exhibido, o lo que fuera, aumentaba el sonrojo. Parece que al Betis se le ha pasado ya el efecto de revulsivo que acarreó el cambio de entrenador, con lo que me reafirmo en cuanto dije en este mismo rincón sobre que, posiblemente, el todavía Real Betis Balompié deba cambiar de entrenador cada dos o tres semanas. Justo el tiempo en que al equipo se le pase el efecto que conlleva todo cambio, por lo que el técnico debiera permanecer mientras haya triunfos para que al primer tropiezo, finiquito al canto y vuelta a empezar.

Veo a Rivera en el Sporting y me recuerda al que llegó a Heliópolis, partidazo ante el Chelsea incluido. Observo a Fernando en el Málaga y también recuerda al de los primeros tiempos al mando de Víctor. Son sólo dos ejemplos de futbolistas que empeoraron alarmantemente de verde, blanco y verde, pero es que son muy explícitas estas dos muestras. Veía antier noche a los laterales del Betis y la pregunta era que cómo podían vestir esa camiseta, o el trote anodino y sin sprint alguno de Arzu, o el partido de Juanma, o el de Sergio, en fin... Lo más consolador fue el partido de Emana, pero tampoco fue como para erigirle un monumento, tampoco es eso.

Si ya es frustrante jugarte los cuartos con un filial, más triste aún es que ese filial te pase por encima. De nuevo han aparecido la falta de intensidad y la aparente carencia de compromiso con la causa. Había que ganar para que el final de infarto que se avecina necesite de menos cafinitrina bajo la lengua y lo más lógico, según lo ocurrido en el pasto, hubiera sido una derrota. Al final un empate que, aun viéndose a todas luces insuficiente, supo bien por la forma en que devino. Una carambola a tres bandas que surtió efecto, pero que no puede enmascarar de ninguna manera la imagen de un Betis al que parecía habérsele pasado el efecto Víctor Fernández, qué espanto.

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