La tribuna

Abel Veiga Copo

Un duro revés para Zapatero

QUISO quedarse al margen pero ya era tarde. Sus preferencias habían quedado expuestas. Se la jugaba directa e indirectamente por mucho que algunos trataran de dejarle al margen. Lo habían intentado también Chaves y el propio Blanco a espaldas de los micrófonos. La presión para que no fuera el candidato a la Presidencia madrileña en disputa compleja frente a Esperanza Aguirre, había sido total, pero ha resistido numantinamente, con los suyos. Tal vez la épica, la vieja historia -que no leyenda- de David frente a Goliat. Es posible que mayo de 2011 no sea aún su momento, todo se verá, pero sin duda ha adquirido la dosis de liderazgo que los suyos menguaron y minusvaloraron. En el camino, un partido dividido, aparentemente roto.

Nunca se han hecho públicas esas encuestas que presumiblemente tenían en Ferraz en las que no gustaba como candidato en la comunidad madrileña. Rubalcaba, en un halo de soberbia política, restó méritos y deméritos hacia la persona de Gómez, quién sólo tenía en su haber decir no al presidente del Gobierno. Algo que muy pocos han hecho y menos en público. Los desprecios suelen pagarse y la militancia cansada de tanto polvo, imposición y desavenencia en la siempre convulsa vieja federación madrileña se ha dividido en dos. Una catarsis separada por sólo 558 votos. Suficientes. Hay quien ganó en 2000 sólo con nueve.

¿Cómo hemos cambiado todos en esta década? Un irreconocible Zapatero es hoy sombra de lo que predicaba, era y prometía. La política no cambia, es el poder. El desapego de la realidad y la vanidad de la prebenda y pérdida absoluta de objetividad. Ahora sí, arranca el poszapaterismo, el cuánto tiempo tarden los propios socialistas en interiorizarlo será el coste de oportunidad de perder gobierno y alguna que otra comunidad autónoma, el próximo mes y en mayo. Lo veremos. Haría bien Griñán en tomar buena nota de lo sucedido y otear esa impoluta encuesta que otorga la mayoría electoral a los populares en Andalucía. La aritmética electoral es una cosa, otra bien distinta la geometría del pacto y las coaliciones. Lo mismo sucederá en Castilla La Mancha, Baleares y tal vez en Aragón. Tiempos difíciles, con o sin primarias.

Se equivocaron los que desde Ferraz esgrimían encuestas y resultados contrarios a Tomás Gómez. Tal vez no se equivocaron en el grado de desconocimiento y el perfil del propio secretario de la federación madrileña, con un tono pausado, extrañamente bajo, máxime si no es diputado de la Asamblea. Pero sí a la hora de ningunear su valentía y coraje político. Tras la marcha de Simancas había que pacificar o dar sosiego a una siempre combativa y hoy menos guerrista que ayer federación madrileña. Desde hace tres años el ex alcalde de Parla cumplió el encargo que le hizo el secretario general de los socialistas y presidente del Gobierno. No había motivos para ese envite, para esa deposición, incluso defenestración.

Gómez no se vino abajo, no tiró la toalla y dejó el camino libre como harían muchos segundones de la política que esperarían cobrar el peaje, la prebenda por su arrugamiento. Se lo ha jugado todo a una carta, tal vez no sea la carta de ganar a Aguirre en la comunidad, pero sí la de empezar a ser un nombre y un hombre que tiene hoy la suficiente credibilidad y legitimidad para enfrentar y oponerse políticamente a los dictados del presidente. Es un socialista puro y duro, forjado a sí mismo, sin obligaciones en su haber, tampoco sin deber favores a nadie. Se lo ha ganado a pulso, aun con el aparato o buena parte del aparato en contra. Las bases no le han dado la espalda.

Rodríguez Zapatero ha perdido un importante test de liderazgo entre los suyos. Frente a la ciudadanía hacía tiempo que lo ha perdido. Empieza un declive político inexorable. No hay más donde hurgar ni qué arañar. Ojalá no se equivoque en lo que le queda de legislatura de cara al interés general y sobre todo a este país. Pero su tiempo político empieza hoy a estar finiquitado. Se jugaba y mucho, aunque sea el propio Tomás Gómez el primero que sin duda diga lo contrario. Él echó un pulso a un presidente que no ha perdido en todo aquello en lo que la liza electoral, sea generales, sean primarias, se había presentado. Trinidad Jiménez paga en carne propia la soberbia y los errores de otros. Hay que saber estar en el lugar que se tiene y se debe estar.

Hoy más que nunca empieza a necesitar el Partido Socialista una nueva hornada de dirigentes, más centrados en las preocupaciones de los ciudadanos y la sociedad que en su supervivencia política. Nadie quiso las primarias, digan lo que digan, pero sus resultados despejan a partir de ahora muchos enroques y también muchas incógnitas.

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