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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

¡A mí no me echa nadie!

A la vez Ábalos estuvo y no estuvo, se reunió y no se reunió, resolvió una crisis y la provocó

ábalos estuvo en el avión. Ábalos no estuvo en el avión. Se reunió con Delcy. No se reunió con Delcy. Acudió a un encuentro programado. Tuvo un encuentro "fortuito" o "casual". Delcy pisó territorio de la UE, cosa que tiene prohibida por las políticas totalitarias y represivas del gobierno en el que ocupa el segundo lugar tras Maduro, y Ábalos tuvo que ir corriendo a decirle que no podía hacerlo. Delcy no pisó territorio de la UE, respetándose la prohibición gracias a Ábalos.

Ábalos fue al aeropuerto a recoger al ministro de Turismo venezolano porque es "un amigo personal". Ábalos saludó a Decy en el avión, no porque sea la número dos de Maduro, sino porque se lo pidió este "amigo personal" y ella no podía bajarse del avión. Ábalos fue al aeropuerto a horas tan intempestivas, no por secretismo, sino porque tiene una agenda tan saturada que no encontró otro momento para saludar a su "amigo personal". Ábalos iba camino del aeropuerto ignorando la presencia de Delcy cuando el ministro del Interior le dijo que en el avión también iba la número dos de Maduro, pidiéndole con amistoso desenfado: "Ya que vas, procura que no se baje del avión". Cosa doméstica y cotidiana esta de los recados. ¿A quién, al salir de casa, no le han dicho eso de "ya que sales tráeme…?" Por lo que con la excursión nocturna Ábalos resolvió una crisis diplomática, como afirmaron Sánchez y la ministra de Exteriores. O quizás la provocó. ¡Quién sabe!

Tanta tensión le produjo a Ábalos un ataque agudo de puigdemontitis o de torrafilia que le hizo exclamar: "¡A mí no me echa nadie!". Pues mire usted, señor mío, le pueden echar los suyos en los tejemanejes internos de los partidos, las leyes si las transgrede, graves meteduras de pata políticas sin connotaciones legales y sobre todo -no del partido, pero sí de cargos públicos- los ciudadanos votando.

De momento está retirado de la circulación porque los periodistas no afines tienen la molesta manía de preguntar lo que no debe preguntarse. Errejón, en cambio, tiene las cosas más claras: "A mí me parece bien y normal que representantes del Gobierno español se reúnan con representantes de otros gobiernos. Me parece normal, y me parece que es mejor hacerlo, contarlo, y explicarlo". Que el otro gobierno sea una mal encubierta dictadura y un régimen abiertamente represivo de las libertades no importa. Eso sí, a condición de que se diga de izquierdas.

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