El ejemplo de Rural del Sur

Sin los localismos y la pugna partidista Andalucía podía haber tenido una gran caja, origen de un banco andaluz fuerte

Caja Rural del Sur acaba de poner de manifiesto lo importante que es contar con entidades financieras arraigadas en el territorio. La entidad ha decidido liderar una alianza empresarial que impulse la ejecución de inversiones pendientes. Y lo hará dando ejemplo y el primer paso: aportará cuatro millones de euros para que comiencen las obras del proyecto del Centro de ensayos para sistemas no tripulados (CEUS). La idea es que no deje de ejecutarse por falta de financiación y así de nítida la expuso el presidente de Caja Rural del Sur, que lo es también de la patronal onubense, José Luis García-Palacios.

De la alianza forman parte otras empresas, con el objetivo de cooperar con las administraciones públicas para que proyectos estratégicos para Huelva. Hay que celebrar de ella la apuesta por la colaboración público-privada: un camino imprescindible para transitar y salir de la recesión, cada vez más grave, provocada por el Covid-19. Esta plausible iniciativa es extrapolable a otras provincias. A Sevilla, por ejemplo, donde también tiene buena implantación la cooperativa de crédito.

Pero indefectiblemente ello nos lleva a recordar y lamentar que del tejido financiero que había en Andalucía a comienzos de siglo apenas queda nada, al menos con su domicilio social y su centro de decisión en la comunidad. En apenas 20 años, el proceso de concentración y bancarización de las cajas de ahorros, éste forzado por los reguladores, ha provocado que entidades arrigadas en las provincias andaluzas se hayan integrado en proyectos nacionales. Cajasol -nacida de la fusión de El Monte y Caja San Fernando-, Caja Granada, Cajasur... Todas esas entidades forman parte de grandes bancos que radican en Madrid, Valencia, con centro de decisión en Barcelona, o Bilbao.

Nos queda aún Unicaja Banco, la propia Rural del Sur, Rural de Granada y Cajamar. La entidad malagueña, el banco más relevante de ellos, necesita ganar tamaño y ya negocia fusionarse con Liberbank, una operación que debería mantener en Málaga la sede y el centro de decisión.

Si los estériles localismos -o personalismos- y la pugna partidista -ese mal sempiterno- no hubiesen torpedeado los vanos intentos de crear una gran caja andaluza -que hoy sería un banco, claro-, Andalucía estaría mucho mejor situada en este proceso imparable de consolidación del sistema financiero. La oportunidad se perdió y ya no tiene vuelta atrás. Sólo queda esperar que cunda en el sector el ejemplo que ha dado Rural del Sur en la provincia de Huelva.

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