LA mayoría de los sudafricanos creen que Madiba significa padre. Era el paraguas protector, el amigo, el defensor de sus derechos, el hombre que reconstruyó un país dividido por el odio racial. Un padre. Sin embargo Madiba no significa padre, es el nombre de la tribu a la que pertenecía la familia del que ha sido probablemente el político más importante que ha dado África en el siglo XX, el hombre que produjo un cambio histórico en su país y en el mundo entero. El hombre que echó abajo el apartheid, contra el que nadie pudo realizar una acción efectiva hasta que Mandela decidió hacerlo desde la cárcel.

Mandela fue de los pocos dirigentes mundiales que tras una trayectoria de violencia abominó de ella para convertirse en un defensor sin fisuras de la paz. Tuvo la fortuna de encontrar el interlocutor adecuado en el momento oportuno, Frederik le Klerk, al que le costó un gran esfuerzo dejar de lado los principios racistas y discriminatorios en los que había vivido desde que nació. Los dos fueron merecedores del Nobel de la Paz y, hay que destacarlo, del Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional un año antes de que los jurados del Nobel pusieran los ojos en los dos dirigentes sudafricanos. Las negociaciones que mantuvieron en Londres los delegados del gobierno y los miembros del Consejo Nacional Africano (CNA), deberían convertirse en un ejemplo de cómo personas pertenecientes a distintas trincheras, separados por un odio secular y por miles de muertos, eran capaces de sentarse a hablar para tratar de sacar adelante un país en llamas y una sociedad que parecía irremediablemente dividida por el odio y la injusticia.

Mandela se convirtió en un referente mundial, antes, durante y después de ser presidente sudafricano. Fue tan drástico en su rechazo a la violencia que había ejercido en sus años jóvenes e incluso maduros, que no dudó en separarse de su mujer, Winnie, por insistir en ese camino, aderezado además por una corrupción que repugnó a Mandela al salir de la cárcel. Se casó después con Graça Machel, la viuda del líder mozambiqueño Samora Machel, compañera perfecta de un hombre como Mandela, de gran personalidad, con una presencia pública excepcional porque provocaba entusiasmo en las masas y también entre los más importantes dirigentes del mundo. El propio Obama ha dicho que no podía imaginar su vida sin el ejemplo de Mandela, y en esta ocasión no era sólo una bella frase escrita por uno de sus colaboradores: Mandela ha sido un referente para todos los políticos de este siglo, más aún para el primer político negro que logró ser elegido presidente de Estados Unidos.

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