La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Los encantos sin fronteras

¿Hace cuánto que no visita La Pañoleta, donde en tiempos hubo toros y ahora hay un horno de leña inusual en Sevilla?

Los encantos  sin fronteras

Los encantos sin fronteras

Ahora los sevillanos tenemos vedada la mar, de la que sólo sabemos por cuanto nos llega de las aguas del Guadalquivir en las tardes de paseo por la ruta del colesterol, a orillas del Labradores o en un velador del Embarcadero. Por eso ahora es el momento de disfrutar de todo eso que tenemos no ya a menos de una hora, sino a diez minutos. Esa Sierra Norte que ahora vuelve a ser la Sierra Morena, esa Carmona que nunca se acaba y con derecho a Parador, esa Osuna monumental con visita a la colegial, al Casino con sus ventiladores de techo originales y su museo arqueológico que una vez nos descubrió el profesor Bernales Ballesteros. Y si prefieren quedarse más cerca, pero a la vez disfrutar de los sabores más lejanos, tienen a mano el sevillanísimo barrio de La Pañoleta, donde el joven Curro Romero cogía el tranvía los Viernes Santos para ver el Cachorro, y donde hoy quedan la imprenta Pinelo, una de las dos bodegas con carteles antiguos de toros y donde funciona el horno de leña de Azafrán, que hace posible un trozo de la mejor gastronomía de Castilla-León. ¿Hace cuánto que no va usted a La Pañoleta? Haga memoria.

Todavía hay muchos que recuerdan haber visto toros en la plaza de este barrio camero, cuando se tenía por un barrio situado lejos de la capital. Hoy sigue teniendo esa carretera que al mismo tiempo divide la población y la comunica con la capital, las casas de bella azulejería que ya tienen las puertas y ventanas cegadas, a la espera de la piqueta; algunas naves industriales y poco más, que en realidad no es poco. Un empresario como Joaquín Jiménez Mora apostó por un horno de leña de los de gran profundidad, para que los inspectores del cochinillo y el cordero, procedentes de Segovia, Valladolid o Salamanca, le dieran el plácet para ofrecer unos platos que no resultan igual en otras cocinas, ni en una ciudad con tanto calor como Sevilla. Un lugar que no desmerece a la mejor Castilla-León, sobre todo cuando se ha conocido aquella región con tiempo y detenimiento.

Cada día está lleno este horno de leña de Azafrán, desde la terraza hasta el denominado salón de los maestros, decorado con unos dibujos sublimes de figuras del toreo, de los que llama la atención la expresividad del dedicado a Rafael de Paula. No podemos viajar a Madrid, ni más al Norte, ni al extranjero. Pero la provincia tiene delicias muy próximas, no digamos las gastronómicas. Algunas de ellas a golpe de taxi. Aquella Sevilla que en los años ochenta disfrutaba del Ventorrillo Canario tiene hoy el Azafrán de La Pañoleta libre de Covid y con un horno digno de visita. Alta calidad.

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