alto y claro

José Antonio Carrizosa

La épica y la lírica

MALOS tiempos para la lírica y también para la épica. No son éstos los mejores para resucitar pasados gloriosos y envolverse en las viejas banderas, aunque sean tan dignas como la del 4 de diciembre del 77 o el 28 de febrero del 80, las dos ocasiones en las que en aquellos inciertos años en los que parecía que la democracia era capaz de poner la felicidad social al alcance de la mano, los andaluces salimos a la calle para demostrar, detrás de las pancartas y con la papeleta de voto en la mano, que no queríamos ser menos que nadie en la España que se estrenaba. Dejen reposar en paz la historia, que es de todos y que sobre todo sirve para no repetir errores del pasado; no la utilicen para tirársela a la cabeza en la mezquina política del día a día y miren para delante, que el presente necesita de imaginación y generosidad y el futuro es una dificilísima ecuación llena de incógnitas con signo negativo.

No creo que nadie dude a estas alturas que Andalucía, como España, necesita en estos momentos más que nunca pactos que aúnen voluntades, rebajen crispación y permitan aplicar soluciones en un clima de consenso. Bienvenida sea por tanto la propuesta lanzada desde la Presidencia de la Junta de un gran Pacto que sume voluntades sociales y políticas. Pero permítaseme que la acoja con grandes dudas. Hasta ahora hemos acumulado en esta comunidad siete experiencias de eso tan singular que se ha dado en llamar concertación social. Siete, que se dice pronto. Y una tras otra han servido para muy poca cosa que no fuera engrasar con dinero público las estructuras burocratizadas e inútiles de la principal patronal andaluza y de las dos grandes organizaciones sindicales. Hasta tal punto ha sido así que muchas veces se ha tenido la impresión de que esas organizaciones sólo existían en base a justificar esos acuerdos que las nutrían.

Creo que hasta ahora se puede afirmar sin riesgo a ser tachado de exagerado que esos acuerdos no han servido para que Andalucía saliese de los últimos puestos del ranking de las comunidades españolas, ni para que redujésemos nuestro diferencial de paro con el conjunto nacional ni, mucho menos, para haber afrontado esta crisis en unas condiciones de mediana fortaleza económica.

Si lo que ahora se pretende, con la épica y la lírica de la historia por medio, es repetir la jugada, mejor dedicar esfuerzos y recursos a otra cosa. Si, lo que se quiere es aprovechar el profundo descontento social para acentuar una política de confrontación con el Gobierno de Madrid y de paso aislar al partido que lo representa en Andalucía, peor todavía. Pero si lo que se busca es sentar las bases de políticas imaginativas y eficaces que trasciendan una acción concreta de gobierno, pues bienvenido sea el Pacto que propone Griñán. Que los esfuerzos se hagan mirando al futuro porque hacerlos envolviéndose en las viejas banderas del pasado no sería nada más que uno de esos empeños inútiles que, como dijo Ortega, llevan irremediablemente a la melancolía.

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