Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El equipo atenúa la inestabilidad

SUELE ocurrir en la vida que cuando las cosas marchan, el hombre busque problemas donde no hay para que todo se complique. La complicación es prenda que viaja de forma habitual en cada valija y en este Sevilla campeón de Europa no podía ser de otra manera. Los celos forman parte indisoluble de esos equipajes por los que todo lo que marcha adecuadamente se emponzoña y hace que desde fuera se vea un panorama distinto al real.

Pasa también en la vida que quien ha ejercido el poder no ve con muy buenos ojos el éxito de su sucesor. Puede que eso sea el motor para este estado de cosas en que lo que sólo parecía un rumor se hizo realidad ante la luz y los taquígrafos de una Junta General. Difícilmente se da en fútbol que un presidente vea con buenos ojos la ejecutoria triunfal de su sucesor y que un servidor recuerde, eso sólo se ha dado en una ocasión y gracias a la bonhomía de Roberto Alés.

Pero esas pelillerías que en cualquier sitio podrían derivar a tormenta, en el Sevilla se atenúan gracias a la labor de su sección deportiva. La distinción a Monchi resume la tempestuosa reunión de antier noche en Los Lebreros y deja bien a las claras que el Sevilla está movido por el motor adecuado, el equipo. Una buena situación del equipo hace que los problemas del club se minimicen y con el equipo arriba en la tabla y luciendo el entorchado continental ya me dirá usted.

¿Quiere decirse que nada de lo ocurrido es importante? Tampoco es eso, pero que en este Sevilla es la parcela deportiva la que aminora las tempestades es tan cierto como que el sol sale cada mañana. La inestabilidad que en otras circunstancias podría dar al traste con cualquier trayectoria, en el Sevilla se hace soportable levedad por la actitud de sus profesionales que visten de corto y por los que hacen que la cantera sea fuente de dinero y el primer equipo sea lo fuerte que es.

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