Fragmentos

Juan Ruesga Navarro

el escudo blanqueado

Si pasan estos días por la calle Pastor y Landero, podrán ver que las obras de arreglo y mejoras del edificio del antiguo Mercado de Entradores están muy avanzadas y que están terminando de pintar las fachadas. Se trata de un bello edificio terminado en 1947, obra del arquitecto sevillano Juan Talavera, en un estilo regionalista de líneas muy limpias, muy característico de la arquitectura blanca del arquitecto y que respondía a un modelo de edificios públicos en los que se construían equipamientos que necesitaba la ciudad, como en este caso un mercado, y en su parte superior viviendas siguiendo el modelo de la Estación de Autobuses del Prado.

Sobre este edificio se planteó una polémica a finales del año pasado por la existencia en la fachada principal de un retablo cerámico que representaba el escudo de España de época franquista y que en aplicación de la Ley de Memoria Histórica debía de ser retirado. Puede ser que alguien pensara que debía ser destruido sin más. Afortunadamente el debate se abrió gracias a informes de expertos, que plantearon el interés artístico del retablo al ser procedente de la fábrica de cerámica trianera de Ramos Rejano y seguramente pintado por uno de los artesanos de mérito de la época. Si recuerdan, el Ayuntamiento concluyó que, en tanto se estudiaba mejor el origen de la pieza, se cubriera con un material aislante protector y se pintara como el resto de la fachada. Y se siguió adelante.

Si se colocan en el centro de la fachada de Pastor y Landero frente a la puerta principal del mercado y levantan la vista, podrán ver a la altura de la primera planta de viviendas un balcón recercado de molduras rematado por un frontón partido y en medio de dicho frontón un rectángulo remetido ligeramente. Ahí estaba el escudo. Perdón, ahí está. Pero tapado por una capa de pintura.

La solución adoptada es evidente que ha permitido cumplir la ley y evitar la destrucción del retablo cerámico. Ha evitado un enfrentamiento momentáneo de posiciones pero, en mi opinión, no ha resuelto el problema. Sólo lo ha aplazado. Aunque la ley dice claramente que esos escudos deben ser retirados, también dice en el mismo artículo que estas medidas no serán de aplicación cuando concurran razones artísticas protegidas por la ley. La cuestión es que no hemos retirado el escudo y lo hemos protegido bajo una capa de poliuretano y una mano de pintura, que no deja de ser una solución provisional, de las que en Sevilla pueden durar una generación o dos.

Y esperaremos que un dictamen artístico y uno jurídico en su caso digan de manera concluyente si la Ley de Memoria Histórica es de aplicación en esta ocasión o no. ¿Cuándo? Ya veremos. Me parece que el asunto es importante en sí mismo y por lo que simboliza y por lo que indica de nuestra manera de ser. Si se puede aplazar una cuestión en vez de afrontarla, la dejamos para más adelante. Y con un poco de suerte se resolverá sola.

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