Desde el fénix

José Ramón Del Río

La esperanza negra

DE siempre se ha hablado de la "esperanza blanca" para designar a aquel que está viniendo o por venir y al que se le supone capaz de arreglar las cosas o, por lo menos, de liderar una actuación. Según Haro Tecglen, la expresión tiene su origen en el boxeo, donde los boxeadores de raza negra eran los sempiternos campeones mundiales que dejaban K.O. a los de raza blanca con los que se enfrentaban. Cuando alguno de esta raza despuntaba y parecía que era un rival de consideración, se hablaba de él como "la esperanza blanca". Así, Hitler preparó cuidadosamente al boxeador alemán Max Schmelling para que conquistara la corona mundial de los pesos pesados, pero, derrotado una y otra vez, la esperanza blanca no se convirtió en realidad. La expresión quedó acuñada y no hizo falta que fueran blancos los que se esperaban. Así, en su día, dos jugadores de raza negra (Pepe y Robinho) fueron calificados como de "esperanza blanca" del Real Madrid.

Ahora, la esperanza blanca mundial es un hombre de raza negra (bastante matizada, por cierto), Barack Hussein Obama, que ha tomado posesión de la presidencia del Gobierno más poderoso de la tierra. Por ello, ha suscitado optimismo, no sólo en su país, sino en casi todo el orbe. Hasta ahora no se le puede juzgar más que por su actitud y discurso en la toma de posesión. Comenzó por jurar lealtad a la Constitución, con la mano sobre la Biblia, en lugar de haber "prometido" y pedido que retiraran el texto sagrado, por sus evidentes connotaciones religiosas. En su discurso comenzó por reconocer que su mandato está repleto de desafíos y problemas que no se solucionarán en poco tiempo, en lugar de pintar un escenario de futuro, florido y hermoso. Aludió a la crisis económica, a la precariedad de la sanidad, al fracaso escolar y a las amenazas al medio ambiente. No dijo, aunque hubiere podido decirlo, que su país estaba en disposición de jugar la Premier League. Le han contado que mencionó a Dios hasta nueve veces, sin tener en cuenta que allí tiene que haber muchos ateos. Quiere poner fin a la división apelando a la unidad de la nación, sin ninguna referencia a las peculiaridades de los 49 estados que la componen. Urge para que en materia de economía se actúe de forma audaz y rápida, sin dedicarse a no reconocer la crisis, cuando todos la sentían, y a demorar la búsqueda de soluciones. En fin, tampoco va a pedir disculpas por la forma de vida americana, ni a titubear en su defensa, sin alusión alguna -siendo negro- a que habría que recuperar la "memoria histórica" para reparar tantas injusticias, persecuciones y crímenes cometidos en su país contra los de su raza.

A la vista de todo ello, creo que la esperanza que ha generado está bien fundada.

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