Tribuna económica

Rogelio / Velasco

No esperar demasiado de la reunión del G-20

CUANDO mañana se reúnan en Inglaterra los líderes de los 20 países desarrollados y los más importantes en vías de desarrollo, todos esperamos que adopten decisiones que contribuyan a salir de la crisis con mayor rapidez y que sean compartidas por los asistentes.

Sin embargo, los temas que algunos desean que se debatan, por un lado, y las políticas que se están practicando y las actitudes públicas para defenderlas, por otro, mueven más bien al pesimismo.

Mencionemos tres asuntos que algunos países en desarrollo quieren que se debatan. Primero, una mayor liberalización del comercio mundial -finalizando la Ronda Doha- que permitiría una mayor apertura comercial de los países ricos y redundaría en un mayor crecimiento de los pobres. Nos tememos que, en plena crisis, los países occidentales se van a negar a aprobar nada posponiendo, otra vez, el tema para un futuro que nunca llega. De hecho, desde finales del pasado año, este grupo de países ha aprobado diversas medidas proteccionistas para combatir la crisis.

Segundo, una reforma del FMI que permita aumentar sus recursos 10 veces y dar más voz y votos a los países emergentes. Los países ricos tampoco acogerán esta iniciativa con mucha simpatía. Primero, porque representa aportar más fondos cuando existen fortísimas presiones en cada uno de ellos para gastar internamente más recursos públicos. Y segundo, porque los principales países de la OCDE se niegan a perder peso político en el FMI y no desean otorgar más a China, India y otros emergentes.

Y tercero, extender la obligación de salvamento de entidades financieras a las filiales que operen en el extranjero. Aunque no se menciona de forma explícita, las ayudas que los bancos centrales y gobiernos están prestando a los bancos, se están limitando a sus respectivos mercados domésticos. Es otra forma de proteccionismo.

Respecto de las políticas que se siguen para salir de la crisis, hemos mencionado en otras ocasiones el debate a las dos orillas del Atlántico. Mientras que en esta orilla se está poniendo el énfasis en las ayudas al sector financiero y en la activación de los estabilizadores automáticos (seguro de desempleo) y poco más, al otro lado se confía en un gran plan de gasto público.

Todos los países deberían hacer un mayor esfuerzo de gasto, que sea compatible con la sostenibilidad de la deuda pública a largo plazo y con las posibilidades de financiación que permita el sector exterior. Francia y Alemania, pero también China y Brasil, deberían ser más activos en este sentido.

Hace sólo unos días, el FMI publicaba sus previsiones de crecimiento negativo del 3,5% para los países occidentales; ayer, la OCDE hacía lo propio y la reducía hasta el 4,3%. Estas cifras son gravísimas, por el aumento del desempleo y las tensiones sociales que implicarían.

Se nos está acabando el tiempo y a los líderes internacionales el crédito de sus electores.

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