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José Joaquín León

La evolución del Lunes Santo

El Polígono y los barrios definen cada año más el carácter del Lunes Santo · La noche acaba en San Vicente, que recupera así su protagonismo por unas horas · No es lucha de clases, sino geografía urbana

EL Lunes Santo es el día que los barrios y los polígonos le arrebataron al centro más céntrico. Esta segunda jornada de la Semana Santa está evolucionando para pasar a ser lo contrario de lo que fue. Este día aún tiene entre las cuatro últimas cofradías que pasan por la carrera oficial a tres del entorno de San Vicente, la zona que en tiempos fue más señorial y aristocrática. Pero se inicia ahora con una de las más genuinas cofradías de la Semana Santa del siglo XXI, la que echó los dientes en las vísperas, con una cofradía que no es de barrio, sino de polígono, de San Pablo, concretamente. Así cuenta ya con tres cofradías periféricas, junto a Santa Genoveva y San Gonzalo, que fueron las precursoras.

En este día se consideraba como cofradía de barrio a la del Rocío, que venía del antiguo barrio de Santiago, donde estaban el Corral del Conde y otros corrales, que hoy han quedado reconvertidos en apartamentos del centro residencial. Pero El Rocío, como San Esteban hoy, es un recuerdo de las antiguas cofradías de barrios céntricos, una tipología que se reformó con el paso de los años. La cofradía multitudinaria de barrio lejano, con el esquema de peregrinación de vamos todos a la Catedral, que implantaron Santa Genoveva y San Gonzalo, ha encontrado continuación en el Polígono, que ha contribuido a transformar el Lunes Santo desde el principio. Y esto no hay que entenderlo como una lucha de clases cofradieras, porque aquí todos somos hijos de Dios, sino como una realidad geográfica.

A las dos de la tarde ya había dos cofradías en la calle con todos sus avíos. Por esas costumbres que se crean en Sevilla y se hacen normas, a las cofradías de nuevo cuño, como la del Polígono, se le reservan los días laborables. En su segunda salida, la Virgen del Rosario no llevó ningún manto de la Macarena, como la primera vez, sino que la vimos a cuerpo con la humildad de una cofradía en creación. Tampoco está terminado el paso de misterio del Cautivo del Polígono, cuyas figuras secundarias son de buen nivel, e incluso resisten comparaciones. Este paso anticipa su buen porte para cuando se culmine en los próximos años. Nos recuerda algunos detalles del misterio de San Gonzalo, como el sillón vacío, y otros de La Bofetá, como el incienso en el pebetero. Pero, ante todo, lo más importante es que esta cofradía, con sus matices propios, nos recuerda a otras dos del Lunes Santo, que vimos después: Santa Genoveva y San Gonzalo. Polígono y barrios en movimiento, camino de la Catedral.

El Cautivo de Santa Genoveva no es de los pasos más difíciles de Sevilla, y quizá eso facilita que sí sea de los que mejor andan. Es hermoso ver la decisión con la que avanza este Jesús Cautivo, así por avenidas, como por el parque o por calles del centro. Dan ganas de unirse a ese grupo de devotos, sobre todo mujeres, que se apiñan tras Él, para seguir esa zancada valerosa y decidida. Cortejo larguísimo el de Santa Genoveva, como lo es el de San Gonzalo. Son centenares de metros de nazarenos, unidos unos tras otros. Una de las estampas más genuinas y espectaculares del Lunes Santo es ver al paso de misterio de San Gonzalo avanzando triunfal desde Triana, por el puente, y sobre todo por Reyes Católicos, San Pablo, la Magdalena y Rioja, hasta que encuentra esa revirá que ansiaba para encarar la calle Velázquez. ¿Cuántos miles de personas lo ven en ese largo recorrido en línea recta para llegar más directo al alma? Entre este primer paso y el palio, como ocurre en Santa Genoveva, hay tal marea de nazarenos que se nota con mucha claridad las inmensas posibilidades y la utilidad indiscutible de estas cofradías de barrio, tan decisivas en la evolución revolucionaria que ha tenido el Lunes Santo.

Cuando vimos al Beso de Judas de noche por la plaza de San Leandro, o antes a Las Aguas por un abarrotado barrio del Arenal, entrando con señorío hacia la calle Castelar, comprobamos un año más que estos dos pasos de misterio también responden a las tipologías cofradieras de los barrios. Pero vienen de otro tipo de barrio, que lo es más por su vocación antigua que por la realidad vecinal de nuestros días.

Todo tiene su espacio y su significado. La jornada se completó con cuatro cofradías de centro-centro indiscutible (Santa Marta, Vera-Cruz, Las Penas y El Museo), que forman parte de la esencia del Lunes Santo. Me atrevería a decir de la noche del Lunes Santo, que es cuando se quedan con todo el protagonismo en la ciudad histórica. Cuando las primeras cofradías volvieron a sus barrios alejados, se llegó a la plenitud de la otra Semana Santa, la que nos depara momentos como la entrada de Santa Marta, tan diferente pero tan imponente respecto a la salida. O el discurrir de vuelta de Vera-Cruz y Las Penas, en un cortejo consecutivo de ruán negro por Francos y Cuna, que nos reencuentra con el lado cofradiero de los silencios, y alcanza su colofón con El Museo, en su doble faz de la Expiración y Aguas, desde la calle Tetuán hasta su capilla.

Todo esto ha cambiado las costumbres de muchos cofrades. Antes la mañana del Lunes Santo se reservaba para ver pasos en templos muy cercanos entre sí, de San Andrés a San Vicente, pasando por Vera Cruz y El Museo. No se ha perdido esa costumbre. Pero algunos también optan por desplazarse al Polígono de San Pablo, donde hay pasos desde temprano, en un escenario urbano diferente.

La Semana Santa avanza en participación y descubre nuevas posibilidades. Después de tanto hablar y escribir sobre la carrera oficial, resulta que este problema se ha resuelto de facto comprando sillitas a cinco euros en las tiendas de chinos. ¿Habrá algo menos cofrade que eso? Y sin embargo ha sido determinante para personas cansadas y desesperadas. En estos días conviven la estética y la funcionalidad, los palcos y las sillitas de chinos, igual que conviven San Vicente y el Polígono de San Pablo en las horas largas del Lunes Santo.

Como escriben algunos cronistas de fútbol, esta jornada espléndida, calurosa también, nos mostró la belleza de sus dos partes tan bien diferenciadas. La luz de su día que cautiva al polígono y los barrios. La oscuridad de su noche que deja penas por San Vicente. Este Lunes Santo fue para toda Sevilla.

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