La ciudad y los días

carlos / colón

Contra extremos

LOS por el momento pocos (pero muy ruidosos y en algunos casos bastante agresivos) que están exigiendo un referéndum que traiga una República secuestrada por la izquierda populista, más parecida a la venezolana que a la alemana o la francesa, no ignoran que nuestra Constitución permite todo tipo de reformas, incluso el cambio de la forma de Gobierno, previendo los pasos constitucionales y democráticos para ello. La apresurada izquierda republicana no lo ignora, pero pretende saltarse a piola las leyes democráticas vigentes en nombre de un bien democrático superior. Lo de Granada lo ejemplifica: se quita la bandera constitucional, se rompe y se pone en su lugar la tricolor; con la participación del delegado de Fomento de la Junta, tan vergonzosa como vergonzoso es que no haya sido cesado fulminantemente tras fotografiarse ante la bandera inconstitucional puesta allí después de ultrajar la constitucional y escribir en su Twitter: "La República ondea en el corazón de Granada".

Franco se alzó contra una República debilitada por los zarpazos de la extrema izquierda y la derecha caciquil o fascista, pero que era el Gobierno constitucional y democrático de España. Ahora parece que son los partidos situados a la izquierda del PSOE (con el apoyo de algunos sectores socialistas que es de esperar Rubalcaba y quien le suceda logren contener) los que quieren alzarse contra el ordenamiento democrático, visto el desprecio que demuestran hacia los mecanismos legales que les permitirían lograr lo que desean. Su problema es que saben cuáles fueron los resultados de las últimas elecciones generales -10.866.566 ciudadanos votaron al PP, 7.003.511 al PSOE y sólo 1.143.225 a IU- y en las recientes europeas en las que, pese al severo castigo a populares y socialistas, y al ascenso de la extrema izquierda, los partidos constitucionalistas (PP, PSOE, UPyD, Ciudadanos) han logrado 36 escaños y los anti constitucionalistas (IU, Podemos, ERC, BNG, Bildu, Equo) 15.

Leyes y números mandan en democracia. Por eso es mejor ignorarlos y convocar manifestaciones para después decir que "la calle" o "el pueblo" deben decidir. Evidentemente es más cómodo someterse al conteo a ojo de las manifestaciones que al cuidadoso escrutinio de los votos. Afortunadamente no creo que la cosa vaya a más, siempre que el PSOE aprenda de su propia historia (¡1934!) y mantenga su posición de centro izquierda.

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