En tránsito

eduardo / jordá

L a falsa ecuación

EN Bolivia gobierna Evo Morales, el líder indígena admirado por los dirigentes de Podemos y por otros muchos representantes de la izquierda más radical española. Pues bien, cuando hace unos años el departamento boliviano de Santa Cruz, el más rico del país, organizó un referéndum para exigir el control local de los hidrocarburos -e incluso amenazó con la secesión-, toda la izquierda boliviana se movilizó en contra del proyecto, al que acusaba de ser una iniciativa que sólo favorecía a las regiones ricas en detrimento de las pobres.

Lo curioso del caso es que los discípulos españoles de Evo Morales no parecen adoptar la misma postura cuando se trata de España. Si Cataluña (una región rica) exige un referéndum soberanista en el que pueda decidir una posible secesión, Podemos -como IU y el resto de la izquierda más supuestamente avanzada- se sitúa siempre del lado de la región "rica" y en contra de los intereses del resto del país, y encima lo hace con argumentos que defienden el "derecho a decidir" como una exigencia democrática irrenunciable. Da igual que esa comunidad sea rica y se niegue a compartir su riqueza con el resto del país. Y da igual que esa comunidad esgrima -igual que hacía el departamento de Santa Cruz en Bolivia- velados argumentos xenófobos contra sus comunidades vecinas, a las que acusa de ladronas, haraganas y retrasadas. Pero nada de eso importa, porque ningún dirigente de la nueva izquierda española se ha posicionado aún a favor de los intereses comunes de la nación frente a los caprichosos intereses de una región autónoma. Al contrario, aquí siempre se defienden los supuestos derechos de Cataluña o el País Vasco a "decidir su futuro", olvidando lo que ocurrió en Bolivia cuando el departamento de Santa Cruz convocó un referéndum ilegal que acabó ganando por el 85% de los votos. Al final, los resultados fueron invalidados por la Corte Nacional Electoral con el apoyo masivo de la izquierda. Aquí, por descontado, las cosas ocurrirían de forma muy distinta.

¿Por qué? Pues por una razón muy sencilla: nuestra izquierda sigue aprisionada, cuarenta años después de la muerte de Franco, por los viejos clichés de la lucha antifranquista. Y el silogismo engañoso que esta izquierda establece es el siguiente: si los nacionalistas catalanes y vascos se opusieron a Franco, los nacionalistas catalanes y vascos "son" de izquierdas. Se trata, por supuesto, de un error morrocotudo, pero así van las cosas entre nosotros.

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