De feria en feria

Por el profesor Ramón Carande sabemos que Sevilla llegó a ser ciudad porque fue fortaleza

En Sevilla, no hace demasiado tiempo, solamente había una feria, la de abril. Con mayúsculas, la Feria. Como todas las ferias, empezó siendo un mercado y se ha convertido básicamente en fiesta y ocio, que también ha resultado ser un mercado. Ahora, en los días que vivimos, nos pasamos el año de Feria en Feria. Salones, exposiciones, galas, congresos, festivales, conmemoraciones, carreras de día y de noche y grandes acontecimientos de todo tipo. Ganado, industria, turismo, deporte, moda, gastronomía, agencias de viajes, academias de la lengua española, cine, teatro, etcétera. Que hacen de la ciudad un punto de encuentro de propios y extraños. No hace falta que les cuente la relación de todo lo que se celebra en la ciudad, porque según sus gustos e intereses, ya saben de sobra a lo que me refiero. Año a año, mes a mes, se completa un amplio calendario que va a más, al buen viento de la capacidad organizativa, de la mejora de las infraestructuras de reuniones, de las facilidades de transporte en tren y avión, del número creciente de alojamientos de todo tipo, de la belleza de la ciudad, de la capacidad de los sevillanos de transmitir buen vivir y de un nombre convertido en un poderoso imán: Sevilla.

Por el profesor Ramón Carande sabemos que Sevilla llegó a ser ciudad porque fue fortaleza y mercado. Y que los sevillanos más emprendedores del siglo XIX retomaron la idea del mercado medieval en la Feria de Abril. Con la llegada del ferrocarril comenzó el desfile de visitantes y la búsqueda de nuevos acontecimientos, como la idea de convertir a Sevilla en estación de invierno, que sería un gran beneficio para el comercio, el turismo y para realizar las mejoras de todo tipo que la ciudad necesitaba. Ese impulso dio forma al de Parque de María Luisa y a la celebración de la Exposición Iberoamericana. Sin olvidar el buen resultado de la fórmula con la Expo 92. Y con los intentos fallidos de conseguir los Juegos Olímpicos, porque se consiguieron campeonatos mundiales de atletismo. Hace tiempo que aprendimos que la manera de levantar el nivel de actividad de una ciudad es la mejora de sus servicios y la celebración de acontecimientos singulares de todo tipo. Y cuanto más alto es el nivel que alcanzamos, más importantes han de ser los acontecimientos.

Ha pasado mucho tiempo de las modestas Feria de Muestras de los años sesenta en el Casino de la Exposición y alrededores, con sus banderitas, viseras de cartón y flan chino El Mandarín. Todo requiere un principio y de ahí venimos. Los centros comerciales están desarrollando nuevas estrategias y diseños, para convertirse también en acontecimientos. Las universidades de la ciudad, públicas y privadas aumentan la demanda de estudiantes de fuera. La construcción de nuevas residencias de estudiantes empieza a ser más noticia que los nuevos hoteles. Se dice que cada uno habla de la Feria como le va. Y así es en la Sevilla de hoy, porque según el refrán: en esta feria has de ser mercancía o mercader.

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