La salud es lo que importa

Dr. Bartolomé Beltrán

La fibra para un feliz 2015

YA han pasado los dias de grasas, alcohol y de trastornos alimenticios de todo tipo y condición. Ahora toca limpiar y sin duda tenemos que echar mano de la nutrición y de la dietética. Por eso quiero hablar de los beneficios de la fibra. Sin ser un nutriente, la fibra alimentaria es un componente clave de la dieta. La principal razón de su importancia es que pasa por el organismo sin ser absorbida, y ello contribuye a la digestión y al aprovechamiento de los nutrientes, así como la regularización de la microbiota intestinal.

Es la proporción de los alimentos vegetales que no se absorbe ni se digiere. Forma parte de los hidratos de carbono y, a su vez, engloba a los polisacáridos distintos del almidón (celulosas, hemicelulosas y pectinas), los oligosacáridos (insulina), la lignina y las sustancias vegetales asociadas (ceras y suberina).Estas sustancias no pueden ser digeridas por las enzimas digestivas, pero son parcialmente fermentadas por las bacterias intestinales. Durante este proceso, se forman diversos subproductos, ácidos grasos de cadena corta y gases. Los efectos beneficiosos para la salud de la fibra se derivan del proceso de fermentación. Claro que la fibra alimentaria se encuentra en las frutas, verduras, las legumbres y los granos de cereal enteros. Se clasifica según su solubilidad en fibra soluble o insoluble; ambos tipos de fibra se encuentran en distintas proporciones en los alimentos que contienen fibra.

Y entre los efectos beneficiosos de la fibra se cuentan muchas cuestiones esenciales para el bienestar y la calidad de vida. Porque ayuda a prevenir el estreñimiento, al incrementar el peso de las heces, y a reducir la duración del tránsito intestinal. Este efecto es aún mayor si el consumo de fibra se acompaña de un aumento de la ingesta de agua. Sabemos que al mejorar la función intestinal, la fibra alimentaria puede reducir el riesgo de enfermedades y trastornos como la enfermedad diverticular o las hemorroides.

No es un asunto menor que la fibra soluble puede ralentizar la digestión y la absorción de los hidratos de carbono y, por consiguiente, reducir la glucemia posprandial y la respuesta insulínica. Mientras que la fibra de consistencia viscosa, como la pectina, el salvado de arroz o de avena, reduce el colesterol sérico total y el nivel de colesterol LDL. Con todo podemos decir que la inducción científica nos indica que varios estudios epidemiológicos confirman el papel de la fibra alimentaria en la prevención de la enfermedad cardiaca coronaria.

Los ácidos grasos de cadena corta, producidos cuando la fibra alimentaria fermenta, son una fuente importante de energía para las células del colon y pueden inhibir el crecimiento y la proliferación de células cancerígenas en el intestino. Asi pues, no se lo tomen a mal que les cuente todo esto para bien en unos dias en que en el devenir de los buenos propósitos incluyamos éstas recomendaciones. Porque, además y finalmente, la fibra alimentaria aumenta el volumen de la dieta sin añadir calorías, puede tener un efecto saciante y ayudar, así a controlar el peso corporal. Es lo que hay. Feliz 2015.

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