La ciudad y los días

carlos / colón

La fiesta de la luz

AUNQUE desde el jueves haya vida en ese planeta de lona, por aquello del puente, esta noche deshecha por el alumbrado empieza la fiesta hermosa de la luz de Sevilla, la más regionalista y quinteriana de todas nuestras fiestas, la que alza una ciudad aún más escenográfica que la reinventada por Juan Talavera o Aníbal González en los años 20; una ciudad tan aislada de la realidad que puede trasladarse de un sitio a otro sin acusarlo, hasta tal punto son altas las murallas idealizadoras que la resguardan; una ciudad con las calles trazadas con el orden cuadriculado de un severo Balbino Marrón y con sus casas de lona dibujadas por el mismísimo Bacarisas; una ciudad que sólo halla comparación posible, en su representar la esencia de la Sevilla tardorromántica y regionalista, con esa otra prodigiosa ciudad portátil y efímera que tiene sus propios, lujosos, trajes de gala con forma de túnica, su propio ejército con forma de Centuria Romana y sus propios palacios con forma de pasos, que es la cofradía de la Macarena.

Hoy empieza, deshaciendo con el alumbrado la oscuridad de la medianoche, la fiesta hermosa de la luz y la alegría de Sevilla, la que idealiza las azoteas con claveles de olor y geranios, las sombras sobre la cal, el verde oscuro de los balcones, las noches de verano entre los naranjos de La Bolera de la calle Parras o los jardincillos de La Pastora, la sensualidad de los cuerpos que hacen que remuerda la carne por no haber pecado más, la dulce pesantez de las primeras horas quietas de la tarde, los largos anocheceres que los pesimistas viven como la lenta agonía de la luz y los optimistas como su triunfo sobre la noche, las madrugadas en las que la ciudad de lona no duerme como no dormía la calle Sierpes de casinos, cafés, tablaos, cines y teatros de la gran Sevilla del 29.

Desde lejos se ve el resplandor de esta Sevilla que durante una semana no duerme al igual que una noche mi padre vio desde su ventana, siendo niño, el resplandor de la ciudad de los años 20. "¿Qué son esas luces?", le preguntó a mi abuelo. "Sierpes, la calle que nunca duerme", le contestó. A principios del siglo XXI se pueden revivir esas impresiones de la ciudad alegre y confiada de principios del XX gracias a la Feria. ¿Idealizamos una idealización? Tal vez. Pero de estas idealizaciones han nacido -Cabalgata de Izquierdo, Semana Santa, feria, Corpus, Rocío- las realidades más hermosas de Sevilla.

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