POR fin una administración española se ha decidido a predicar con el ejemplo y ha asumido que en tiempos de crisis no basta con decir a los ciudadanos que tienen que apretarse el cinturón. Por fin una autoridad electa ha comprendido que la austeridad bien entendida empieza por uno mismo y ha aceptado que su crecimiento incesante no es de recibo cuando la gente lo está pasando realmente mal para llegar a fin de mes.

He aquí una autonomía que deja de ocultarse tras la monserga de que sus gastos de estructura y funcionariado apenas suponen el "chocolate del loro" de los presupuestos y que reducirlos no va a sacarnos de una crisis de raíces más profundas y exógenas. He aquí un gobierno que comprende que el famoso loro de sus propias instituciones debe estar ahíto de chocolate, y de lo que no es chocolate, al borde de la indigestión, de tanto engordar durante tanto tiempo, y que ha obrado en consecuencia. He aquí unos gobernantes que, en vez de acomodarse en la burbuja estupefaciente de su poder, demuestran estar atentos al sentir de la calle y deducen que en tiempos de tribulación -contra lo que dicen que dijo Ignacio de Loyola- sí hay que hacer al menos una mudanza, la mudanza de los modos, la estética y la ética.

Sin esperar siquiera al primer Consejo de Gobierno posveraniego, el presidente de la Junta anunció el domingo una remodelación inmediata de su equipo, reduciendo de modo significativo el número de consejeros y altos cargos. Ha sido un golpe de audacia insólito, dada su tradicional resistencia a los cambios, y una sorpresa para todos los sectores políticos, ya que durante las legislaturas anteriores la tendencia ha sido más bien la contraria (aumentarlos) y de sus declaraciones de los últimos meses no se deducía ningún propósito en este sentido.

La intención es clara: disminuir en un veinticinco por ciento el gasto corriente del Ejecutivo autonómico y construir una administración austera, acorde con la crisis, y más eficaz en el servicio a los ciudadanos. Las dos vicepresidencias existentes hasta ahora quedarán reducidas a una, las catorce consejerías actuales se convertirán en diez y muchas competencias serán agrupadas en macrodepartamentos, con menos direcciones generales, asesores y gabinetes. En fin, se trata de aplicar criterios de racionalidad y ahorro que si son imprescindibles para la supervivencia de cualquier empresa privada, resultan exigibles en todo el sector público, que se nutre de los impuestos de todos. Como la Junta.

Por fin ha llegado la austeridad de manos de la Junta. De la Junta de Castilla-La Mancha, y de su presidente, José María Barreda.

¿Qué se habían pensado?

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