La esquina

josé / aguilar

Por fin hablaron

DESPUÉS de rehuirse durante meses y achacarse mutuamente la culpa del desencuentro, en un culebrón cómico de dimes y diretes ("Llama tú", "No, llama tú, que yo ya te pedí la entrevista", "Si me llamas, mañana mismo nos vemos", etcétera), Mariano Rajoy telefoneó ayer por la mañana a Artur Mas y quedaron en mantener la entrevista más glosada antes de haberse celebrado. Qué digo: antes de fijarse día, hora y lugar.

La iniciativa ha partido, al parecer, del presidente del Gobierno. El día no tardará mucho, porque la situación lo requiere, la hora importa bien poco y el lugar más probable es el Palacio de la Moncloa, donde ya se vieron dos veces desde que Mas se echó al monte de la secesión, con resultados negativos. Los demás encuentros entre ambos han sido circunstanciales, no buscados por ninguno de ellos y embarazosos, signados por la gelidez.

La entrevista llega amenazada también de fracaso. Mayormente, por las posiciones previas. Aquello de lo que uno no quiere hablar es precisamente lo que el otro plantea como único tema de conversación. Para Mas, se trata de que el Gobierno de la nación (española) autorice la consulta sobre la independencia de Cataluña que él ya ha decidido y convocado, con fecha y preguntas. Para Rajoy, se puede dialogar sobre todo, menos sobre eso. Porque se lo impiden el Congreso, que ya rechazó la consulta, y el Tribunal Constitucional, que niega -como garante de la Constitución, justamente- que una parte del territorio de España ejerza la soberanía y que exista el derecho de autodeterminación de Cataluña. Ahí está el drama.

Artur Mas tiene muchísimas dificultades para dar marcha atrás (él disparó la flecha de la secesión que camina hacia su destino, se ha subido a la ola independentista que maneja Esquerra Republicana, gobierna gracias a ésta). Mariano Rajoy tiene más aún. Sobre todo una: ¡está obligado a defender la legalidad! No puede darle al presidente de la Generalitat lo que no está en sus manos. No le pertenece, sino al contrario, su deber es servirla.

Si la inminencia del abismo, las presiones de los empresarios más influyentes de Cataluña y el rechazo reiterado de la Unión Europea le hacen entrar en razón, Mas podría pactar con Rajoy una nueva relación de Cataluña dentro de España. Pero también es complicado: ¿qué le ofrecería Rajoy que no suponga un trato especial que rebele a las demás comunidades?

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