Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Fuera de foco

AYER defendía el interés de esta in-investidura. Hoy hablaré de su interés negativo, como el Euríbor. Porque vamos a ver muy bien las posiciones y las estrategias, pero es mucho más lo que no vamos a ver. Está cayendo nuestra política en el abismo de la abstracción al que aboca siempre la demagogia de las buenas intenciones entreverada con la lucha desnuda por el poder. Los líderes parecen fichas de ajedrez en un campo cuadriculado de negras (los otros) y blancas (nosotros y nosotras).

No habrá apenas acuerdos, pero existe un consenso unánime y tácito de silencios cómplices. No se va a hablar de la crisis demográfica. Ni de los dilemas morales que plantea el aborto, toda vez que no hay un solo diputado provida en el hemiciclo. Olvidémonos de cualquier reflexión integral sobre la crisis de la familia. Y es imposible que nadie rompa una lanza por la libertad ideológica frente a la imposición progresiva del pensamiento progresista. Mientras sale de la cárcel Otegi, tampoco habrá un severo examen de conciencia de la política antiterrorista ni del respeto a la memoria y la dignidad de las víctimas. No habrá un análisis serio sobre la crisis económica mundial que se atisba ni de la humanitaria de las fronteras europeas. El yihadismo se tocará por encima, sin asomarse a su pozo negro. Y lo último que podemos esperar es que nadie coja por los cuernos el toro de la pérdida del sentimiento de pertenencia a España.

No se puede hablar de todo en dos tardes, en efecto, pero estas ausencias son muy significativas, teniendo en cuenta la trascendencia de los problemas en cuestión. Nos abocan irremediablemente a dos reflexiones, una transversal y otra particular. La primera: los políticos rehúyen una las cuestiones más importantes porque su misma dimensión les obligaría a abandonar la confrontación de la que viven para buscar soluciones comunes. Un sistema que pivota sobre el enfrentamiento pospone la solución de problemas que exigen la unidad.

Y la reflexión particular. Como muchos lectores habrán detectado, abundan en mi lista de ausencias los problemas que suele percibir y plantear un partido conservador. Hablamos mucho de cómo el PP, aun siendo el más votado, se ha dejado robar la iniciativa en el proceso de investidura. Quizá si observamos cómo se dejó birlar la iniciativa ideológica y programática, comprendamos que no estamos ante una anécdota, sino ante una categoría.

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