La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Una foto en la ventana

La madre falleció hace cuatro meses. Él quiso ver al Señor con ella y que ella lo viera en su barrio Mercedes Robles, la mujer del cuadro frente al Gran Poder

La crónica del compañero Pérez Ávila, sentida sin sentimentalismo, emocionante sin concesiones a lo fácil, sobrio relato con nombres propios e historias personales, les contó ayer con palabras lo que se vivió y se sintió desde que el Señor entró en los Tres Barrios. Qué momento, la multitud callada, las tres cruces parroquiales esperándolo en la confluencia entre la Ronda del Tamarguillo y Federico Mayo Gayarre, el Gran Poder enfilando Cruz del Sur, el viento, las nubes, las hojas secas cayendo. La fotografía del compañero Juan Carlos Muñoz, dos policías nacionales ayudando a levantarse a una anciana al paso del Señor, muestra con idéntico sentimiento sin sentimentalismo y emoción sin concesiones lo que allí se vivió y se sintió.

Tanto la crónica como la fotografía anunciaban lo que allí se vivirá y se sentirá hasta el próximo 5 de noviembre, cuando el Gran Poder se vaya del barrio sin abandonarlo. Porque allí seguirán sus manos -sus hermanos del voluntariado que lleva ya dos años trabajando allí- asiendo la cruz de todos los sufrimientos, trabajando junto a los párrocos y fieles de las tres parroquias y las asociaciones vecinales de todo signo para impedir el descenso de la pobreza a la marginalidad de quienes aún no han caído en ella y rescatar a quienes por desgracia lo han hecho. Una tarea que parece imposible. Pero somos judeocristianos y está escrito en el Talmud que quien salva una vida salva al mundo entero.

Las redes se han llenado de fotografías emocionantes, auténticas… Benditos sean los teléfonos que tanto estorban en Semana Santa. Ayer permitieron que se escribiera la intrahistoria más sentida de la llegada del Señor. Las gentes del barrio, por supuesto, las primeras. Pero también quienes con ellos lo vivieron. De seguro conocen a través de las redes y la prensa la hecha por Carlos García Lara. El Gran Poder entrando, como siempre, cara al pueblo. Enfrente, un bloque. En las ventanas de la primera, segunda y tercera planta los vecinos contemplan al Señor y son contemplados por él. En la de la cuarta planta también se asoma quien ya vive con él. Juan, rodeado por sus nietos y su sobrino, sostiene entre sus manos un marco con una fotografía de sus padres. La madre, muy devota del Gran Poder, falleció hace cuatro meses. Él quiso ver al Señor con ella y que ella lo viera en su barrio. Abajo otro hijo, Kiko, era uno de los portadores del Señor. Sobran palabras.

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