Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Los fracasados

LOS sindicatos y el PP han perdido la huelga de funcionarios; el Gobierno, ni fu ni fa: le han organizado una revuelta pero la pedrada no le ha dado de lleno. Más bien le ha resbalado. Ya es bastante el fracaso en la gobernación del país. Los sindicatos sí la han perdido. El hecho de que muchos empleados públicos no secundaran el paro por no perder los 150 euros o menos de la peonada da una idea del escaso valor concedido de antemano a la protesta: por debajo de las 25.000 pesetas. Con una fe en el éxito tan barata no se puede llegar muy lejos. La moral reivindicativa debe tener más precio o, mejor, no debe tener precio para impulsar a los trabajadores salir a la calle dispuestos a enfrentarse a quien haga falta (y a cualquier coste) con tal de lograr sus objetivos. Era previsible el fracaso. En cierto modo era una huelga simbólica y desesperanzada. Los sindicatos no podían permanecer de brazos cruzados contra el atropello del Gobierno, pero al mismo tiempo eran conscientes de que el paro iba a fracasar, y si me apuran que estaba bien que fracasara. Muchos sindicalistas pararon para salvar su honor. Pero ya está.

Y perdió la huelga el PP, por supuesto, y en general toda la derecha catastrofista a la que preocupa incluso la hipótesis de que España gane el Mundial y durante unas pocas horas el clima huraño y agorero que con tanto esfuerzo han cultivado se transforme en júbilo. Aunque sea por un balón. Un levantamiento unánime y a las bravas de los funcionarios hubiera añadido la dosis de caos necesaria a la situación general para que Rajoy demandara de nuevo el adelanto electoral, ahora con el agravante de los trabajadores públicos en pie de guerra. De Cospedal, que se había ofrecido a organizar la huelga si los sindicatos flaqueaban, debería dar un paso adelante y llamar a la rebelión conservadora. Con el apoyo de su compañero Esteban González Pons, que el martes declaró que, de haber sido funcionario, no habría dudado en ir a la huelga. ¡Para ayudar a ganarla! Pero la perdió.

El PP ya no podrá apelar a la rebelión de los funcionarios para nutrir sus perspectivas electorales. Y lo que es peor, posiblemente también tenga que renuncia al oxígeno de la ansiada huelga general porque a la vista del fracaso del ensayo (el que concernía a los más directamente perjudicados por el zapaterazo) la función principal no tiene sentido. Pero que no se haga ahora no significa que haya que renunciar a la toma de la Bastilla. Se habla de que algunas de las medidas de ahorro que se adopten ahora pueden durar diez años. Y el Banco Mundial pide más sangre. Mejor reservar la huelga por si llegan (que llegarán) tiempos peores.

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