La fragilidad de la Feria

Si hacemos cambios estamos poniendo en riesgo lo que amamos. Cuidado

Hoy es 19 de abril. Uno de los tres días de Feria desde sus inicios y por eso es legítimo que los sevillanos busquemos cualquier forma de expresar nuestros sentimientos y recuerdos para que esta fiesta de la ciudad se celebre, al menos dentro de nosotros mismos. Pero la Feria, igual que tantas otras cosas de nuestra ciudad, tiene su medida y su equilibrio. En los últimos años quisimos agrandarla, cambiarla de sitio y alargarla en sus días. Por unas circunstancias o por otras, la Feria ha reclamado su ser y su forma, su sitio. En un par de ocasiones ocurrió el prodigio. Nació en el Prado y cuajó en los Gordales. Dudo que haya otra oportunidad para conseguir lo que definió Rafael Laffón como "...una ciudad efímera de lonas y encajes, levantada para el acompasado gozo y el gusto de la amistad, en las seguridades y efusiones de la vida prometedora...". Creo que no hay que explicar nada más. Como tantas cosas que perduran, la Feria ha encontrado su forma y armonía. Un lugar para la fiesta y la celebración, que mantiene un equilibrio entre el tamaño del recinto y el contenido, entre los elementos urbanos y rurales. Entre el día y la noche. Entre lo provisional, lo efímero y lo permanente. Entre los propios y los visitantes. Entre los que la disfrutan y los que trabajan en el ferial. Entre lo particular y lo colectivo. Entre quietud y movilidad. Entre los que caminan buscando una caseta o al encuentro de una cita de su interés y los que pasean. Entre los curiosos y los que montan o enganchan. Entre los que bailan y los que miran. Entre los escarceos adolescentes y las reuniones familiares. Entre la representación social y la amistad. Entre lo más sofisticado y lo más popular. Equilibrio en la forma de comer y la forma de beber. Entre la belleza en la que descansar la mirada y la fascinación que hace galopar el corazón.

Entiendo, claro que lo entiendo, el sentimiento que nos invade cuando percibimos la ausencia de una persona, de un tiempo, de un lugar, y en este caso de una fiesta que aúna lugar, tiempo y personas. Puede ocurrir que los cambios obligados por la pandemia no hagan más que acelerar o mostrar que una época está terminando. Que se lo digan a los aficionados a la fiesta de los toros, que se mueve a contracorriente en muchos sentidos. Y en Sevilla y su Feria, imágenes de ayer y del siglo pasado, se confunden y se mezclan con viejas postales de Hauser y Menet, de Purger, de Stengel y otros editores. Es un sentimiento contradictorio. Valoramos lo que ya no tenemos o lo que vemos cambiar. Nos aferramos a veces al pasado como si la vida se pudiera vivir en imágenes fijas. La vida cambia, pero debemos ser sensibles con las señales que nos avisan. Porque la Feria de Sevilla es más frágil de lo que creemos. A veces las formas lo son casi todo y ésta es una de esas ocasiones. Si hacemos cambios o nos olvidamos de lo que tiene de auténtico, a pesar de todas sus contradicciones, estamos poniendo en riesgo lo que amamos. Cuidado.

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