Visto y oído

Antonio / Sempere

A la fuerza...

CÓMO defendió su territorio Pepa Fernández el pasado domingo. Le birlaron una hora de programa. A mediodía entraba el Tablero deportivo con el partido de fútbol entre el Osasuna y el Madrid. Por lo que No es un día cualquiera tuvo que despedirse no a las 13 horas, como es costumbre, sino a las 12. ¿Quién dijo que la presentadora se iba a amilanar ante esta situación? Al principio de cada bloque Pepa Fernández explicó, sin perder el buen humor, pero dejando bien clara su postura, la poquísima gracia que le hacía que le robaran sesenta minutos de programa. Lo expresó de todas las formas posibles. Con ironía, con desparpajo, con rabia y hasta con un punto de perplejidad. Imaginando lo importante que debía ser esa cita desde su escasa pasión futbolera. Pero defendiendo con uñas y dientes una espacio ganado a pulso.

Toda una metáfora y una lección la de Pepa. Quien juzgue la situación desde fuera podrá pensar que la cosa no tiene tanta importancia. Que vaya revuelo por una hora. Sin embargo, en la radio, como en la vida, nada hay tan injusto como que el pez grande se coma al chico. Y siendo grande grandísima Pepa, y siendo enorme su criatura, trece años en antena, un millón de escuchantes, mil cien entregas y premios para llenar muchas estanterías, parece un mal gesto que llegue nadie a quitarle lo que moralmente es suyo. Porque lo es de sus oyentes. Cuando Chema Abad ya había entrado en antena, a modo de despedida, Pepa Fernández mentó el refrán: "A la fuerza ahorcan". Ay, si todos defendiésemos lo nuestro así.

Claro que para defender, hay que militar, hay que creer, hay que sentir verdadera pasión por lo que se hace. Muy por encima del dinero. Y no siempre ocurre.

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