desde el fénix

José Ramón Del Río

El fútbol nos lo debía

LA enorme satisfacción que ha supuesto para casi todos los españoles ganar por segunda vez consecutiva el campeonato de Europa de fútbol, después de haber ganado el último campeonato mundial, considero que no es un regalo, sino el pago de una deuda que tenía con nosotros este juego. Porque, a pesar de la ingente cantidad de dinero y tiempo que le habíamos dedicado, no a practicarlo, sino a presenciarlo, qué pocas satisfacciones nos había deparado, a nivel de selección, porque aunque nuestros clubes sí nos las dieron, resulta que hace falta que la victoria sea de una nación para que todos se alegren. Aquí vivíamos de los recuerdos de la medalla de plata en la olimpiada de Amberes de 1920; del gol de Zarra a Inglaterra que nos permitió jugar las semifinales del campeonato del mundo de 1950, en Brasil, que transmitió por la radio - y yo lo oí- Matías Prats, y del campeonato de Europa de 1964, que se ganó contra Rusia, en la lucha futbolística de dos dictaduras, y que ya pude ver en televisión. Recuerdo que los aficionados se sentían injustamente tratados por un deporte en el que se ponía tanto empeño y tan pocas alegrías daba. Con menos aficionados y, por tanto, con menos medios, deportistas españoles conseguían triunfos en otros deportes, como Santana en el tenis, Ballesteros en golf o los ciclistas españoles que ganaban las pruebas más importantes del calendario. Es cierto que nuestros clubes punteros ganaban copas de Europa, pero no las ganaba España.

Pero considero que la satisfacción que muchos sentimos no sólo se debe al triunfo conseguido, sino también por la forma en que se ha logrado. Primero, desde el punto de vista de la técnica del fútbol, porque la experiencia demuestra que se puede ganar limitándose a defender y esperar una oportunidad, y así se ganó la última Champions, o buscando el gol, que es la meta a conseguir en este juego. Y el partido que ganamos con cuatro goles se enseñará, como asignatura obligatoria, en las escuelas de entrenadores. En segundo lugar, porque este triunfo nos ha demostrado los beneficios que depara el espíritu de equipo, colaborador y solidario, frente al individualismo, aunque sea genial; la modestia y la templanza de unos jóvenes, que, aunque mimados por la fortuna, no buscan que se les idolatre. Esto hay que agradecérselo a su entrenador, que es para ellos un referente y ejemplo de comedimiento y de control de emociones.

Los españoles hemos hecho grandes cosas en todas las épocas, pero llevábamos un tiempo en que nuestra moral ciudadana estaba por los suelos. Gracias al fútbol por pagarnos su deuda y gracias también por demostrarnos que "ya vuelve el español donde solía".

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