Editorial

El futuro de España y Gibraltar

EL pasado martes, el Gobierno español presentó ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU una propuesta de diálogo dirigida a las autoridades británicas y gibraltareñas a fin de que entre las tres partes puedan preparar el escenario que se aventura una vez que se produzca la salida del Reino Unido de la Unión Europea, como consecuencia del referéndum celebrado el pasado 23 de junio. En línea con las reivindicaciones históricas españolas sobre el istmo, el documento expuesto fija como propósito final lograr un estatus de cosoberanía compartida de Gibraltar entre España y Reino Unido, cuya consecuencia inmediata sería mantener vigente la aplicación de los Tratados de la UE en el Peñón. Dicha propuesta se articula en torno a cuatro ejes de negociación: la aprobación de un estatuto que permita a los gibraltareños conservar la nacionalidad británica y acceder a la española sin renunciar a la primera; un amplio régimen de autogobierno para Gibraltar; el mantenimiento del ventajoso régimen fiscal de Gibraltar, de acuerdo al ordenamiento comunitario, y el ansiado desmantelamiento de la Verja que separa a los habitantes del Peñón y los del resto de la Península Ibérica.

Es un punto de partida que no debe ser despreciado, máxime si se tiene en cuenta que, por vez primera, el actual Gobierno de España propone que los representantes del Ejecutivo de Gibraltar formen parte de las negociaciones como integrantes de la delegación del Reino Unido, un paso que viene a reconocer su legitimidad como interlocutores, acorde a la voluntad expresada en las urnas por el pueblo yanito.

Es preciso, sin embargo, que previamente se rebaje el tono de algunas afirmaciones que, lejos de contribuir a un entendimiento entre las partes, enturbian aún más las relaciones entre los pueblos de uno y otro lado de la Verja. Ambos han demostrado a lo largo de los años mayor sensatez que algunos de sus responsables políticos, alejados a veces de una realidad cotidiana que tan sólo conocen desde la distancia. Entre todos, y cada cual desde su responsabilidad, debemos orillar aquellas cuestiones sobre las que, a día de hoy, es imposible llegar a un punto en común. Entre éstas se encuentra la soberanía del Peñón. A corto plazo, ni los gibraltareños van a querer cambiar su condición de ciudadanos exclusivamente británicos ni España va a renunciar a sus reivindicaciones históricas. La misión, por tanto, es centrar el debate en aquellas propuestas en torno a las que es más fácil llegar a un encuentro. Los cuatro puntos manifestados ante la ONU por España van en el camino correcto.

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