Editorial

El futuro andaluz está en los mercados

EN los primeros 27 años de España como socio del club europeo, Andalucía ha tenido un trato privilegiado. En total, entre el 1 de enero de 1986 y el 31 de diciembre de 2013, la región habrá recibido unos 80.000 millones de euros en fondos europeos por todos los conceptos, que equivalen a más de la mitad del producto regional bruto de 2009. Sólo el año pasado la cifra de subvenciones comunitarias alcanzó los 4.000 millones de euros: la mayor parte se destinó a construcción de infraestructuras, fomento de la economía productiva, formación y modernización agraria o pesquera; el resto del cheque europeo fueron 1.870 millones de ayudas directas a los agricultores. Ese escenario cambiará por completo a partir del 1 de enero de 2014, como informaba este diario el domingo. En el mejor de los casos, los 14.700 millones de acciones estructurales del actual periodo financiero de siete años se quedarán en 5.300, entre 2014 y 2020, al no estar ya Andalucía entre las regiones menos desarrolladas de la UE. Y los fondos de la Política Agraria Común sufrirán también un recorte, aunque ambas cifras están por negociar. El porcentaje de la PAC en el presupuesto europeo no ha parado de reducirse desde los años 70. Varios países influyentes pretenden que a partir de 2014 la directriz de las ayudas directas a los agricultores esté por debajo del 30% del presupuesto total de la UE. Una mayor dotación para los países del Este, de la mano de un comisario de Agricultura rumano, y la amenaza de una tasa plana de 100 euros por hectárea que plantea el Gobierno español, dibujan un sombrío panorama. El final de la crisis financiera y el inicio de la recuperación del sector inmobiliario van a coincidir con un recorte drástico de los fondos europeos, que puede costarle más de cuatro puntos de PIB cada año a la comunidad. La Junta tiene que defender los intereses de los agricultores contra la desafortunada postura del Gobierno de la nación, que reduce en dos tercios los fondos agrarios. También hay que intentar conseguir el máximo de fondos estructurales hasta 2020. Pero la respuesta colectiva a esta situación debe incluir el convencimiento de que el futuro andaluz está en los mercados, con una economía más productiva, innovadora y eficiente. Y con muchas menos ayudas.

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