el poliedro

José / Ignacio Rufino

¿Y ganar y ganar y ganar?

Podemos ha descubierto un pozo de votos en lo que han dado en llamar el 'rescate ciudadano', derivado del 'rescate bancario'

EL entrenador de fútbol Luis Aragonés arengaba con proverbial tosquedad a los jugadores: "Y ganar y ganar y ganar... y volver a ganar, y ganar y ganar... Eso es el fútbol". Para muchos españoles, esta frase puede ser aplicada a la filosofía corporativa de grandes grupos empresariales de sectores íntimamente vinculados a la vida diaria de las familias, como la banca o las energéticas, y en menor medida las de telecomunicación que, voilà, siempre parecen ganar a los ojos del profano superviviente, incluso a las malas. Cierto es que la escasez y la incertidumbre dan alas a la demagogia o a la simple exageración, pero es bien cierto que aquello de las "reformas estructurales" no ha alcanzado lo suficiente a mercados que, si ya antes tenían tintes oligopolísticos, tras la crisis y su natural concentración, los tienen con más intensa tonalidad. Tanto en lo macroeconómico o agregado, como en sus efectos lo micro y relativo a la gente de a pie.

Lo macro. Aunque el término "rescate" es para nosotros tabú, España ha sido rescatada, y lo ha sido en buena medida para que el propio Estado español -sus habitantes a largo plazo, y el propio Gobierno a corto- evitara que sus bancos cayeran; no todos los bancos: sólo casi todos, mayormente cajas politizadas. El país está por tanto muy hipotecado exteriormente -porque es "Europa" quien nos ha dado la mayor cantidad del dinero para tapar agujeros de bancos fallidos-, lo cual supone una clara merma de la soberanía en política económica, y también interiormente: las ayudas a la banca se recuperarán sólo en una parte menor, y crearon gran déficit y necesidad extra de recurrir a la deuda pública: estamos entrampados seriamente. En todo este proceso, el Gobierno de Rajoy ha pedido a su vez otra forma de ayuda a la banca más estable, pongamos tres o cuatro entidades formidables, que se han tragado algunos sapos de cajas de ahorros quebradas de facto, a las que han incorporado en sus corporaciones, con todos sus pasivos inmobiliarios: créditos impagados de gente que no puede devolver la hipoteca; suelos parar construir que están yermos y sin futuro.

Lo micro. Vayamos a un ejemplo. Secuencia: a los bancos retornan -en parte, por su mala cabeza- multitud de casas de antiguos clientes; se reconvierten así en parte en inmobiliarias; crean una empresa intermediaria que compra estas casas de forma que el banco ya no es propietario formal; esta empresa, a su vez, vende a otra ilocalizable sociedad compradora de casas y pisos impagados, que busca ya clientes con DNI; y aunque se ven por ello obligados a pagar cuotas de comunidad como cualquier propietario, no lo hacen (mayormente, no lo hacen), y esperan a que llegue un comprador privado para ponerse al día, tras chupar propiedad de sus desavisados vecinos de bloque. A cualquier persona esta morosidad le costaría un dolor de cabeza: a ellos, no… entre otras cosas, porque al propietario verdadero -que es más bien un truco societario- no hay quien lo pille, y porque una gran corporación tiene grandes hombros jurídicos y pleiteadores.

La consecuencia política. Una pregunta detonante: ¿alguien dudaba que Podemos iba a hacer argumento principal de su programa político el de los desahucios y las deudas hipotecarias? Se trata de eso que desde esta semana se ha llamado en el programa marco de esta formación "rescate ciudadano", o sea: la paralización de los desahucios, la dación en pago retroactiva y la reducción del crédito pendiente en función del nuevo valor de mercado. Y de paso, deja atrás alucinaciones como la de la "renta básica para cualquiera". Un caso de victoria pírrica a la postre: el héroe del rescate nacional puede perder la gran batalla final. La del ciudadano. Reaccionen.

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