La ciudad y los días

carlos / colón

Cómo ganarse el respeto

RECHAZO la corrupción, se llame ERE o Gürtel", dijo Susana Díaz cuando le apretaron las tuercas después de haberla condenado sin nombrar los ERE. "Me avergüenza la corrupción -había dicho antes-, rechazo tanto la complicidad como la tibieza hacia ella y me propongo combatirla con todas mis fuerzas desde la Presidencia de la Junta". Perfecto. Digno de aplauso. Esperanzador. Pero si es verdad, ¿dónde estuvo hasta anteayer? ¿De qué se enteró o no se enteró, siendo igualmente graves ambas opciones en quien antes tenía altas responsabilidades, conocía tan bien el partido y tenía tanta influencia dentro de él? Aunque se pretenda hacer un cortafuegos con la dimisión de Griñán ni Andalucía, ni la Junta, ni el PSOE-A, ni Díaz nacieron anteayer, incontaminados, puros y limpios, sin nada que ver con lo que venía sucediendo desde hace años en la Junta bajo gobierno socialista.

La vida, sin embargo, le ofrece una segunda oportunidad como política y una primera como presidenta. Si es verdad que rechaza la corrupción, se dé en su partido o en otro, y que se propone combatirla con todas sus fuerzas, en pocas semanas podrá demostrarlo. Tiene el poder y los medios para hacerlo. El ideal de quien rechaza una corrupción que le repugna es tener los instrumentos necesarios para acabar con ella. Susana Díaz los tiene: se los da ser la persona políticamente más poderosa de Andalucía. Estoy seguro de que sus socios de gobierno de IU la apoyarán encantados porque en Andalucía los escándalos de corrupción afectan sobre todo al PSOE. Y es de sobras conocida la "simpatía" que históricamente sienten los comunistas hacia los socialistas. Para que nada le falte tiene enfrente una oposición sin liderazgo claro y debilitada a nivel nacional por sus propios escándalos de corrupción.

Imposible tenerlo más fácil. Los resortes del poder a su disposición. El partido con ella. Un socio de gobierno con agujetas de tanto agitar la bandera anticorrupción. Una oposición noqueada. Susana Díaz lo tiene todo para demostrar, antes de que pasen los famosos cien días, que lo que ha dicho es cierto. No sólo de cara al futuro (que no haya más corrupción) sino al pasado (que se aclare el escándalo de los ERE con una total, entusiasta y hasta ahora desconocida colaboración de la Junta). Caiga quien caiga. Si lo hace se habrá ganado el respeto de lo andaluces. Si no lo hace será víctima de su discurso.

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