Alto y claro

José Antonio Carrizosa

Ni gobierno ni oposición

HE oído decir muchas veces a Mariano Rajoy que las elecciones no las gana o las pierde el partido que está en el poder; las gana o las pierde el que está en la oposición. Estoy de acuerdo: el desgaste propio de la gestión, las promesas inevitablemente incumplidas, el contexto económico o las simples meteduras de pata, hace que cualquier gobierno abra numerosas vías de ataque que, bien aprovechadas, acaban por darle la vuelta a las urnas. Rajoy, que mantenía esta tesis cuando era el hombre fuerte del Gobierno Aznar, no se la está aplicando ahora que le toca. Para desgracia suya y de su partido. Es difícil que se dé una imagen de mayor fragilidad de un Gobierno que la que está ofreciendo el de Zapatero. Aparentemente grogui y sin capacidad de reacción ante la crisis económica, gobernando a impulsos y a golpe de encuesta, incapaz ni tan siquiera de articular un acuerdo social para luchar contra el paro, con salidas del tiesto tan clamorosas como la del aborto a los 16 años, ofrece tantos frentes abiertos que la oposición tendría que estar poniéndose las botas. Sin embargo, Rajoy aparece ausente, acobardado por los problemas derivados de las corruptelas descubiertas en su partido y ofreciendo ante la opinión pública una patética sensación de no saber qué hacer. En medio de la mayor crisis económica de nuestra vida, existe la impresión de que tenemos un Gobierno que no gobierna y una oposición que no se opone. Este discurso, con los lógicos matices, se puede aplicar casi punto por punto a Andalucía. El Gobierno de Griñán no acierta a coger el tono y presenta un perfil aún más bajo que el del último periodo de Chaves en la Junta. Puede que en algunas áreas, sobre todo las económicas, tenga más nivel que los anteriores. Sin embargo, tiene un serio problema de comunicación que está incluso afectando al sólido prestigio que proyectaba su presidente. Tampoco en Andalucía, la oposición parece estar a la altura de las circunstancias. Javier Arenas se faja y demuestra habilidad dialéctica en el Parlamento. Pero el PP está lejos de sacar el partido que podría si utilizara las grietas que deja abiertas en el PSOE la calamitosa situación económica de la región. Y para demostrarlo, ahí están los sondeos de opinión, que a pesar de la que está cayendo no vislumbran alternancia.

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