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No es gratis

He aquí al Estado acomplejado que se arrodilla ante los ciudadanos y les pide perdón por tener que cumplir la ley

E style="text-transform:uppercase">L otro día, al subir al tranvía de mi ciudad, me encontré con un cartel publicitario que me llamó la atención. "Tener un Metrocentro referente mundial NO ES GRATIS. Gracias por validar tu billete". Eso decía el cartel. En realidad, era una amenaza contra los posibles viajeros sin billete, pero aquella advertencia estaba redactada como si fuera una especie de alegre invitación a viajar en una montaña rusa. Predominaban los conceptos positivos -"referente mundial", "gratis", "gracias por validar tu billete"- y apenas se percibía ninguna idea que pudiera sonar incómoda o amenazadora. No había referencia alguna a las posibles multas. Ni siquiera se recordaba a los usuarios lo que había costado ese Metrocentro. Al contrario, todo era delicado, lúdico, festivo. Y en el fondo, aquel aviso venía a decirles a los ciudadanos que podían disfrutar prácticamente gratis de unos servicios públicos que eran un referente mundial. Nada de recordatorios legales. Nada de subrayar la responsabilidad que todos teníamos en el uso de un servicio público que se había financiado con dinero de todos. Ni mu.

Estoy seguro de que todas las ciudades españolas, gobierne quien gobierne, usan la misma técnica informativa porque ninguna se atreve a usar un tono más intimidatorio o cuando menos más realista. Seguro que todas usan esas mismas frases edulcoradas que invitan a los usuarios a disfrutar de un referente mundial y que luego les agradecen que se acuerden de validar su billete. He aquí al Estado acomplejado que se arrodilla delante de los ciudadanos y les pide perdón por tener que cumplir la ley. He aquí a la Administración ocultando la amarga realidad de los servicios públicos que se financian con el dinero de todos.

¿Por qué ocurren estas cosas? No lo sé muy bien, pero estoy seguro de que la fiesta de los Reyes Magos tiene algo que ver con esto. Y por eso se nos exalta la gratuidad y se nos recalcan nuestros derechos (aunque nadie nos recuerde nunca nuestros deberes). Y por eso se le garantiza al ciudadano que su irresponsabilidad, si la tiene, apenas tendrá consecuencias. Y la palabra que más se repite es gratis -gratis, gratis-, como si ellos, los políticos, fueran los dadivosos Reyes Magos que nos regalan nuestros servicios públicos, incluso en el caso de que nos hayamos portado mal y sólo nos merezcamos carbón.

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