DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

La gripe AH

NOS aseguran que es un caso verídico. Una señora mayor de Jerez le ha confesado a su médico que está encantada con la epidemia de la gripe A. "Ah", se extraña el facultativo, "¿y eso por qué?" Pues porque ha oído en la tele que el remedio es el tiramisú y todas las noches su marido se llega a la pastelería La Rosa de Oro, que los hacen buenísimos, y le sube uno, y, ea, para dentro, que más vale prevenir que curar. Entre sus vecinas cundió el ejemplo y ya están todas vacunadas, rebosando salud, como se puede ver a poco que uno se fije... El médico se fija y lo ve, pero tímidamente, sabiendo que va a acabar con el efecto placebo más apetitoso de la historia de la medicina, le pregunta: "Lo de la tele, ¿era tiramisú? ¿O… Tamiflú?".

Ahora los medios de comunicación, los políticos, los colegios de médicos y la rumorología cibernética están pegando un giro de 180º y sugieren que la gripe A es más bien la gripe bah, que no es ni mucho menos para tanto. O sea, que el tiramisú era el tratamiento farmacológico correcto. ¡Qué ojo clínico, la señora!

Hay incluso quien afirma conocer de buena tinta que detrás de esta falsa alarma están las industrias farmacéuticas, que controlan a la Organización Mundial de la Salud, dispuestas a disparar artificialmente la demanda de sus medicamentos. Otros comentaristas más de andar por casa aseguran que se trata de una maniobra de distracción de Zapatero: otra cortina de humo, vaya.

Me cuesta mucho creer en conspiraciones planetarias, ni aunque estén dirigidas por el mismísimo Rumsfeld. Si poner de acuerdo a treinta ex compañeros de clase para el plan inocente de tener una reunión anual de antiguos alumnos es una misión imposible, ¿cómo van a sincronizar y manipular las opiniones de cientos de profesionales de la sanidad de todo el mundo para algo tan maquiavélico? Por otro lado, estoy ya hasta los pulmones de tantas cortinas de humo, quiero decir, de los que, con tal de no entrar al trapo de nada, de todo dicen que es una maniobra para no hablar de economía. Pero quién sabe. Con tanto bandazo del terror apocalíptico a la indiferencia soberana, anda uno mareado. Parece esto la política económica del Gobierno.

Sólo una cosa está clara: si al final la gripe A no era nada, mejor, pero el susto de muerte ya no nos lo quita nadie. Ni la factura, que en México asciende al 4% del PIB. Al menos, habrá servido de memento mori, que nunca viene mal, aunque sea a escala planetaria, globalizado, escandaloso, carísimo, típico de la era de la información y la informática. Yo, en todo caso, hasta que el memento no sea un recuerdo, no estornudaré tranquilo.

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