Plaza nueva

Luis Carlos Peris

La guerra, ese gran fracaso

INDISCUTIBLEMENTE, la guerra es el mayor fracaso del género humano y el fracaso de esta civilización es indudable, pues pocas veces en la historia de la humanidad se dieron tantos conflictos a la vez. Y si cada guerra es una manifestación palmaria del fracaso del hombre, las interpretaciones que se hacen de cada una de ellas deriva a un fracaso sostenido y multiplicado. Todas las guerras son abominables y más aún lo es meterse en el bizantinismo de si galgos o podencos sobre quién tiró la primera piedra. Iraq, Afganistán, Uganda, Somalia, Sri Lanka y Gaza siempre como motivo de portada. Más tras el recrudecimiento de un conflicto que nació con la creación del Estado de Israel a finales de los cuarenta. Además, las infructuosas guerras contra el narcotráfico, guerras étnicas, guerras civiles, guerras, guerras, muchas guerras.

Todas las guerras son vergonzosas porque desvelan íntegramente las miserias del género humano, pero insisto que aún más vergonzosas son las banderías que se abren no ya en las retaguardias sino en lugares alejados en los que hace furor aquello de que nada es verdad ni es mentira, todo es el del color del cristal con que se mira. Y aquí, en este solar patrio en el que ya tenemos dudas hasta en saber quiénes son los nuestros, se están abriendo muchísimas brechas a colación de la respuesta que Israel le está dando a Hamas. Una respuesta desmesurada para unos y que los otros tildan de acorde con las prácticas terroristas de esa organización. Hamas nació en la primera Intifada hace poco más de veinte años bajo el convencimiento de que el Islam es la solución y alternativa única para Palestina. Para lograrlo apeló a los ataques suicidas y en esos ataques suicidas cayeron mujeres y niños de la misma forma que ahora caen palestinos bajo el fuego israelí.

Por todo ello convenimos en que lo que ahora hace Israel es tan ominoso como cuando un árabe va en busca de las huríes del paraíso con un cinturón preñado de bombas para inmolarse y, de camino, llevarse por delante a todo el que anduviese por allí. Paralelamente a esa vergüenza que es toda guerra, los discursos de esos diletantes que se escuchan a sí mismos en tertulias y tertulias infumables ayunas por completo de cualquier brizna de objetividad. Está comprobado que cuando se ve un partido de fútbol que disputan dos equipos ajenos a la causa propia, al poco ya se ha tomado partido por uno de ellos. En este asunto, el partido está ya tomado con el primer cañonazo, el de derechas se alía con el apoyado por los yanquis y el de izquierdas con el otro. En esta guerra de Gaza, el de derechas va con Israel y el de izquierdas con esos palestinos que siempre pierden, unas veces como escudos y en otras como arietes. Ominoso todo.

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