Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El guiso llega a la mesa con un sabor muy especial

POCO después de que el vasco Bikandi Garrido señale que lo del Madrigal ha terminado se dará paso a un acontecimiento en Nervión. Colofón de una semana muy dura en Heliópolis y de gozo en la otra orilla del fútbol según Sevilla. Espada de Damocles apuntando a la nuca de Poyet y reconocimiento unánime a un Sampaoli que dribló las críticas de la única manera posible para un entrenador, con muy buenos resultados.

En Villarreal empezó Merino a reconducir la mala situación heredada y ahí será donde Gustavo Poyet tenga la posibilidad de hacer lo propio... consigo mismo. No se ha inventado la pócima que salve al entrenador que no gana y menos áun para un perdedor que no conecta con la clientela. Por tanto, la cita de esta atardecida en La Plana tiene mucho de última bala en la canana del charrúa según la norma no escrita por la que se rigen las relaciones entre técnicos y clubes.

Y conociendo qué fue del Betis saltan a escena Sevilla y Barça con la novedad de que con un cuarto de Liga librado, sólo un punto les distancia. Nervión hasta la corcha, como en una fiesta más dentro del nutrido calendario lúdico que disfruta el sevillismo. La ocasión de poder con un todopoderoso que llega con las heridas de Manchester muy abiertas y con ausencias tan importantes como las de Iniesta y Piqué, por lo que las distancias se acortan de forma indiscutible.

Partido de lujo y al que no le falta un perejil el que disputan Sevilla y Barça en el coliseo de Dato. Lleno en las gradas y lleno el corazón del sevillista de la bien fundada esperanza de doblegar a la orquesta de Messi y la compaña. Se da la circunstancia de que la posibilidad de adelantar al campeón en la tabla no es una utopía. Se trata de un ingrediente que, por atípico, hace que le dé al guiso un sabor especial, ese sabor que sólo tiene el fútbol cuando estalla en estado puro.

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