La ciudad y los días

carlos / colón

¿Por qué no os hacéis ateos?

HOY no hace falta recurrir a excusas para montarse una juerga el día que a cada cual le dé la gana. Nada está prohibido. Para desbravarse no hay que esperar, como antes, una ocasión fija autorizada por la tradición y permitida por la autoridad. ¿Por qué, entonces, os cebáis con Dios, sus imágenes y el culto a ellas debido utilizándolas como pretexto para montar cultos kitsch, cachondeos con procesión y carnavales cofrades? Antes casi todas las fiestas de pueblos y ciudades tenían un tradicional sustrato religioso. Hoy no se necesitan pretextos porque ya no hay imposición religiosa sobre lo civil, ni abuso clerical, ni sometimiento obligado a las tradiciones. Entonces, ¿por qué no se montan los cachondeos o se desahogan las fantasías de mariquitas locas con otro pretexto y se deja a Dios, y sobre todo a su Madre, en paz?

Montad carrozas de carnaval o del día del orgullo gay, hijos míos, y dejad en paz imágenes, pasos, cultos y besamanos. Vestíos de lo que queráis, pero no disfracéis a las sagradas imágenes según vuestro capricho. Formad asociaciones gnósticas, cread fraternidades satánicas, fundad agrupaciones chirigoteras, apuntaos al culto galáctico y disfrazaos de Darth Vader, C3PO o, si os da por ahí, de la princesa Leia para asistir al estreno de la séptima parte de la saga; pero dejad en paz las hermandades. Porque habéis convertido la Semana Santa y lo que la rodea en un culto degradado por vacío y una horterada friki.

Alguna vez he citado esta viñeta de El Roto: el dedo de Dios apunta desde el Cielo a unas figurillas atemorizadas mientras su voz truena: "¿Por qué no os hacéis ateos y me dejáis en paz?". Me parece oírla saliendo de los labios de las imágenes cuando veo el esperpento de los besamanos y cultos que montáis y la pasarela prioste en la que hacéis desfilar a las pobres Vírgenes; cuando profanáis con el nihil obstat de Palacio el sagrado silencio que debe rodear el misterio de la Inmaculada -¡en la ciudad de Velázquez, Zurbarán, Murillo y Montañés!-; cuando oigo lo que se toca tras los pasos y veo la forma en que se llevan, todo aplaudido por las muy católicas, encorbatadas y serias juntas de gobierno; cuando os veo hacer el ridículo sin lograr poneros de acuerdo ni tan siquiera en lo único que sabíais hacer, que era organizar la Semana Santa. ¿No podéis jugar con otras cosas? ¿Por qué no os hacéis del todo ateos y dejáis a Dios y a su Madre en paz?

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