Menos hechos que propaganda

Retrasarse en la aplicación de medidas que permitan la reactivación puede tener unos efectos demoledores

La falta de concreción sobre cómo materializará el Gobierno de España el plan de recuperación y resiliencia empieza a resultar desesperante. Lejos de aportar certidumbres, la comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados del pasado miércoles volvió a ser decepcionante. Repitió en esencia lo que ya había dicho seis meses antes, que es una oportunidad histórica. Si acaso, lo que hizo fue enfatizar las grandilocuencias. "Es el plan más ambicioso de transformación económica a lo largo de toda la historia", dijo sin empacho en la tribuna.

Frente a la propaganda, abundante, lo que faltaron fueron hechos. El Gobierno no concreta cuál es su plan y en qué consiste, porque sigue sin cerrar la negociación con Bruselas.

La economía española empieza a dar síntomas claros de que sufre graves consecuencias por la pandemia, que aunque son menos importantes que las sanitarias, medidas en decenas de miles de muertos, no deben obviarse. Retrasarse en la aplicación de medidas que permitan la reactivación puede tener unos efectos demoledores.

España logró una buena porción de la ayuda que la Unión Europea va a movilizar, 140.000 millones de los 750.000 totales, pero si no empiezan a llegar ya para impulsar nuestro tejido productivo, las consecuencias, sobre todo para el empleo, pueden ser irreversibles.

Para el segundo semestre del año deberían llegar los primeros 27.000 millones. Pero, mediado abril, aún no sabemos claramente en qué vamos a emplearlos.

No podemos seguir fiando el sostenimiento de los puestos de trabajo al mantenimiento de medidas que en los principios de esta crisis eran correctas, como los Expedientes Temporales de Regulación de Empleo (ERTE). Transcurrido un año completo, se corre el riesgo de estar manteniendo en funcionamiento a miles de microempresas zombis, que siguen adelante porque reciben las ayudas.

El auxilio tiene que llegar ahora en forma de inversión y es lo que este Ejecutivo no es capaz de concretar.

Si a ello se le une las dificultades que está teniendo el proceso de vacunación, que es la única forma que tenemos de poder ir levantando las medidas restrictivas que permiten contener los contagios pero lastran la recuperación, el riesgo se multiplica, porque la deuda crece y no llega el impulso a la economía que esperamos. Todos esperamos un año y medio o dos de fuerte auge que permita un ajuste fiscal suave y paulatino a partir de 2023. No crecer de esa forma este año podría impedirlo.

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