Las dos orillas

José Joaquín León

El hermano Pablo

Acardenal jubilado, arzobispo colocado. Monseñor Asenjo ya no es el coadjutor, es el titular. Monseñor Amigo, su antecesor, se instalará en un piso que le cede la Misión Franciscana en Madrid. Dijo que tenía pocas cosas que embalar. "Ligero de equipaje", como escribió Antonio Machado. Comenzará un nuevo tiempo en el Palacio Arzobispal. Pero también se va el hermano Pablo.

En este traspaso de poderes arzobispales, esto es lo más insólito de todo. ¿Cómo puede concebirse hoy en día un Palacio Arzobispal de Sevilla sin el hermano Pablo Noguera? Oficialmente era el secretario personal, o el asistente del cardenal Amigo Vallejo. Pero era también el chófer, la persona que estaba al tanto de todo lo necesario, el que controlaba la agenda y la vida misma del cardenal, el que se ocupaba en las misas de todos los detalles, el que le ponía el birrete o se lo quitaba, el que le daba el báculo o lo que hiciera falta, siempre en el momento oportuno, siempre entrando el primero a todos los quites.

El cardenal Amigo Vallejo y el hermano Pablo Noguera eran inseparables, eran como siameses eclesiásticos, eran como un pack de dos, que no se entendería desunido. Ya llegó un momento en que no se sabía si el hermano Pablo iba detrás del cardenal fray Carlos, o era el cardenal fray Carlos quien seguía los pasos del hermano Pablo, que era quien de verdad sabía de lo que iba el asunto. Recordaba el cardenal que los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca, orden a la que pertenece Pablo Noguera, se dedican al cuidado de enfermos incurables o personas muy necesitadas, y me comentó en broma que le había tocado él quizá por ser incurable.

Lo más admirable del hermano Pablo ha sido la lección de fidelidad que ha dado. El confesor de monseñor Amigo era un franciscano de San Buenaventura, el padre Tomás Patero. ¿Pero cuántas confesiones sin palabras habrá mantenido con sus secretos el hermano Pablo? ¿Cuánto sabrá de tantas cosas que no se dijeron y también eran parte de su historia? ¿Cuánta lealtad se encubre dentro de esa discreción y naturalidad con la que siempre estaba a su lado?

Contaba monseñor Amigo que el pasado verano se bañaron en Playa América, que se encuentra entre Bayona y Panjón, una mañana nublada en la que había gente en la playa, pero sólo ellos dos estaban en el mar. No le pregunté quién convenció a quién para que se metieran en el agua fría del Atlántico gallego, cuando nadie se atrevía. Me imagino la respuesta. Lo que no me imagino es que trasladen al hermano Pablo a un piso de Madrid, sin cumplir la edad para jubilarse. A su modo, precisamente porque no quería nada, él valía tanto como un cardenal.

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