Crónica levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

Menos historia

NO es por provocar, pero entre los políticos andaluces más inteligentes destacan los ministros principales de Gibraltar. Peter Caruana era un picapleitos distinguido e irrebatible, con un sentido del humor equidistante entre Oxford y la Bajadilla. Un día, conversando con él en el Alfonso XIII de Sevilla, me explicó qué ocurriría si España acude a los tribunales internacionales para reclamar las aguas que ellos consideran suyas: "No hay ninguna playa en el mundo donde la arena sea de un país y el mar, de otro". Fabián Picardo, el actual mandatario, es un terciopelo con un puño de hierro: a su hijos les pone los dibujos animados en español. En el mundo hay conflictos irresolubles, y el del Peñón es uno de ellos: España no renunciará nunca a una parte de su territorio ni los llanitos querrán ser españoles. La doctrina Moratinos mantenía que hay que apartar la sustancia irresoluble, convivir con ella y solventar los problemas locales. Por eso nació el foro tripartido entre España, el Reino Unido y Gibraltar, para hablar del aeropuerto o de los pescadores. García Margallo rompió con ello, y con Picardo, más radical que Caruana, se está lanzando a una espiral de tensión que no llega a más porque ambos países, España y Reino Unido, son democracias. La población del Campo de Gibraltar, la de la Roca y los 5.000 españoles que trabajan diariamente allí merecen otra mesa y menos Historia.

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