la tribuna

Manuel F. Sánchez Blanco

Los hombres de blanco

EL Eurogrupo anuncia medidas para los bancos españoles rescatados que figurarán en el memorando a punto de firmarse: reestructuración del sector (cierre de oficinas, ajuste del personal, segregación del negocio inmobiliario -el llamado banco malo-, etc.) y supervisión bancaria, es decir, control del negocio de la banca. Es el inicio, por fin, de un supervisor europeo con plenos poderes sobre los bancos centrales nacionales. Porque no sólo los bancos españoles están en dificultades, también lo estarían los bancos franceses e italianos si se sometieran a las pruebas de resistencia que ha soportado la banca española.

A ese BCE de verdad debemos añadirle el Tribunal de Justicia Europeo con la obligación de control de todos los presupuestos de los estados de la Unión, y otros organismos similares de los que hablaba la canciller Angela Merkel hace unos meses en una entrevista a seis medios europeos (les recomiendo su lectura, pues allí se encuentra perfectamente marcada la hoja de ruta de lo que será la Europa federal).

Porque aquí, de verdad, lo que se está discutiendo por encima de resolver los problemas acuciantes de determinados estados, es si queremos esa Europa federal o seguir con el paripé que tenemos actualmente (una moneda única y poco más, y no para todos). La clave la sigue teniendo Francia, tan recelosa de ceder un ápice de soberanía nacional en pos de ese ilusionante proyecto (al menos hasta la llegada de Hollande), porque la locomotora alemana tiene muy clara su postura al respecto.

Yo, qué quieren que les diga, estoy deseando ver en mi país a los hombres de negro, que es lo que tendríamos con una Europa de verdad, y les explicaré por qué.

La corrupción, el ventajismo, la picaresca, el engaño, el triunfo de los mediocres, la falta de honradez… están instalados en nuestra sociedad actual a todos los niveles. Los últimos acontecimientos en la más alta magistratura de nuestro sistema judicial, los infinitos casos de corrupción política destapados y por destapar, la constante oposición de los sindicatos y asociaciones empresariales a cambiar su estado actual (¿alguien puede explicarme por qué debemos los ciudadanos mantener estas organizaciones con nuestro dinero?), el mantenimiento de estructuras administrativa duplicadas y hasta triplicadas, bancos que engañan a sus clientes, y, para no cansarles, la desidia y la falta de compromiso de todos nosotros con nuestro propio país y su estructura organizativa. Sí, todos necesitamos un rescate, necesitamos una evaluación externa permanente para saber lo que somos y poner las bases de lo que queremos ser.

La educación en España es un desastre mayúsculo; por ejemplo, nuestras universidades son demasiadas y casi todas mediocres, la secundaria un desastre… Hay que poner orden aquí con un criterio muy sencillo pero muy eficaz: "Si vales te quedas; si no, te vas", válido para estudiantes y profesores. Verán: ¿qué tal si los exámenes los ponen los hombres de negro? "Usted no pasa de curso si no se sabe la materia y usted queda despedido por no saber enseñarla". Apliquemos el mismo rasero a la sanidad pública, al funcionariado, a las empresas, a los profesionales, en fin, a toda la sociedad, en pos de que los mejores gobiernen la nave por su excelencia, preparación y ganas.

Ayuntamientos, diputaciones, autonomías, Administración central serían codirigidas por "los hombres de negro" apartando a los corruptos, ineptos, chupatintas e incapaces y afianzando en sus puestos a los honestos, preparados y comprometidos por el bien común.

¿A que es un bonito sueño? Siento vergüenza ajena cuando unos bárbaros destrozan unos monumentos aprovechando unas legítimas celebraciones. La auténtica enseñanza de nuestra selección de fútbol, ya que estamos, permanece oculta: preparación, colaboración, esfuerzo, generosidad, juego limpio, saber ganar, no humillar al contrario (¡ese pasillo de nuestros jugadores a los abatidos italianos! O ese grito de Íker al árbitro -"Páralo ya, respeto al adversario"- me llenan de orgullo y es entonces cuando me alegro de que ganar les posibilite a ellos estos gestos de caballerosidad y hombría de bien.

Los hombres de negro de repente se han convertido en hombres de blanco, que nos traen, aunque sea en sueños, la posibilidad de lograr cambios justos y ordenados, lógicos y sensatos para un país como el nuestro anclado en el pasado y reacio a cualquier movimiento. ¡Bienvenidos sean!

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