LA candidata socialista, Susana Díaz, presidenta en funciones, será investida como titular de la Presidencia de la Junta de Andalucía esta misma semana, más ochenta días después de haber obtenido la mayoría relativa en las elecciones al Parlamento autonómico. Tras haberlo intentado sin éxito en tres votaciones -logró el respaldo de los 47 diputados del PSOE y el rechazo de los 62 que reúnen PP, Podemos, Ciudadanos e IU-, Díaz superará la investidura en el inminente Pleno parlamentario gracias al apoyo de los nueve escaños de Ciudadanos, que sumados a los propios, le harán lograr la mayoría absoluta de la Cámara. El cambio de posición de los diputados del partido que dirige en España Albert Rivera y en Andalucía el sanluqueño Juan Marín se ha gestado en los últimos días, al pactar con el PSOE un documento de compromiso con sus planteamientos en relación con la lucha contra la corrupción y por la regeneración democrática, medidas de política económica y fiscal y salida a los casos de los ex presidentes Chaves y Griñán, pendientes de imputación formal por el Tribunal Supremo por el escándalo de los ERE. La respuesta final de Susana Díaz a estos requerimientos ha satisfecho las expectativas de Ciudadanos hasta el punto de cambiar su voto negativo en las tres votaciones de investidura anteriores por un voto afirmativo en la próxima y definitiva. Hay que destacar que el acuerdo PSOE-Ciudadanos se refiere exclusivamente a la investidura de Díaz y no implica Gobierno de coalición ni pacto de legislatura. Con todo, conviene resaltar que el próximo Gobierno andaluz se enfrenta a una legislatura difícil de situación de minoría en el Parlamento y sometido a estrictos controles por cuatro grupos parlamentarios diferentes, pero que pueden coincidir en diversos temas. Aunque su estabilidad parece garantizada por la inexistencia real de una mayoría alternativa conjunta y con un liderazgo claro, su solidez va a depender precisamente del acierto con que sean designados sus consejeros por parte de la presidenta reelecta y por la capacidad que demuestren para afrontar los graves problemas de Andalucía, así como por una forma de gobernar que tiene que ser forzosamente diferente, y en algunas cosas opuesta, a la habitual en la trayectoria socialista al frente de esta comunidad autónoma. Asegurada al fin su investidura, a Susana Díaz le corresponde ahora ponerse a gobernar y hacerlo con un talante nuevo. Es hora de eficiencia en la gestión y de consenso y negociación en la práctica política. Los compromisos adquiridos le serán demandados desde la exigencia y desde la perentoriedad que la situación de Andalucía y el propio bloqueo institucional requieren. La presidenta debe ser consciente de ello.

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