desde mi córner

Luis Carlos Peris

Más sobre unos horarios ilógicos

Observando cómo se programan los partidos del Betis no se sabe si creer en el desatino o en la mala intención

AUNQUE hubiéramos vuelto a los tiempos de bonanza, aquellos en que se ataba a los perros con salchichas de Fráncfort, aunque se estuviera nadando por Heliópolis en la abundancia no creo que el sevillanísimo club de las trece barras estuviese por la labor de mandarle un jamón al que pone los horarios. Qué barbaridad lo de los horarios que padece el Real Betis Balompié y qué facundia la de José Luis Astiazarán cuando no tiene el menor reparo en jactarse de que el partido del domingo pasado se jugase a cincuenta grados al sol, a ese sol que en el primer tiempo iluminaba los seis mil metros cuadrados del terreno de juego.

Ya ha saboreado el Betis toda la franja horaria en que se libra cada jornada de Liga y sólo le falta jugar a las ocho de la tarde, algo que ni siquiera lo conseguirá en su visita al Bernabéu. Pero la incoherencia, o la mala fe de los programadores, llega a su culmen con lo de jugar un jueves en Barcelona y con sólo dos días de descanso jugar el domingo en Santander. Todo mientras este último rival, el Racing, contará con dos días más de descanso por haber jugado el martes en el Sánchez Pizjuán. ¿Puede columbrarse mayor desatino? Prefiero creer en que se trata sólo de desatino y no de la venganza de cierto personaje que fue defenestrado de la causa verdiblanca.

Haría bien este Betis que ahora se maneja desde la honestidad, la fiabilidad y el beticismo en hacerse oír en las alturas y, por ejemplo, preguntarle a Astiazarán que cómo se le ocurre jactarse de una barbaridad como es la de programar un partido en Sevilla a cincuenta grados al sol. No es cosa de ir viendo fantasmas por las esquinas ni apelar a un victimismo que siempre resulta ridículo, pero la Liga se desvirtúa si dos rivales no llegan al partido en condiciones similares, con idéntico tiempo de recuperación y no que uno arribe con dos o tres días más de descanso que el otro. ¿Desatino o mala fe? Mejor pensar en que sea lo primero, sobre todo conociendo a los autores.

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