Crónica Personal

Cuatro horas decisivas

Lo prolongado de la reunión entre don Juan Carlos y don Felipe indica que no se han dejado nada en el tintero

Cuatro horas duró el encuentro entre el rey Felipe y el rey Juan Carlos. Se puede dar por seguro que se han dicho todo lo que tenían guardado desde hace años. Son, probablemente, cuatro horas que marcaran no sólo un antes y un después en las relaciones entre padre e hijo sino que tendrán repercusión en la actual historia española.

Se trata de una conversación privada, insisten en Zarzuela. No lo es, porque no se trata de una conversación entre padre e hijo, sino entre el Jefe de Estado actual y el que lo ha sido durante cuarenta años. Y el comportamiento del rey Juan Carlos en los últimos años, así como las decisiones que ha tomado el rey Felipe en este tiempo, afectan a España, no sólo a ellos dos y a su familia.

Son muchas las cuestiones que necesitaban ser aclaradas y lo prolongado de la reunión indica que no se han dejado nada en el tintero ninguno de los dos. Que es lo mejor que puede ocurrir entre dos personas que se quieren y además estaban obligadas a realizar un esfuerzo casi de Estado para serenar una situación que afectaba a lo que más importa a los dos: España y la Corona.

No son los únicos actores en esta historia. Y es el tercer actor, el gobierno, el principal enredador, más allá del comportamiento poco ejemplar de don Juan Carlos.

Fue el Gobierno el que decidió que se fuera de España y el que más ha maniobrado para que no se le permitiera residir en La Zarzuela cuando se cerraron las causas judiciales que tenía abiertas. Desde el Gobierno salieron los peores calificativos a don Juan Carlos y a la Monarquía, las frases más demoledoras en lo institucional y en lo personal.

La agenda del regreso fue pactada entre Zarzuela, Moncloa y don Juan Carlos. Este último cumplió lo acordado, pero desde el mismo día del anuncio le llovieron toda clase de insultos desde el Gobierno y sus socios. ¿Pudo ser más discreto? Quizá, pero hay que reconocer que esos días no tuvo más recorrido que ir desde la casa de Pedro Campos al Náutico, y un breve traslado a Pontevedra para asistir a un partido de su nieto Pablo. Ni un restaurante, ni un paseo.

Dejemos de lado lo que tanto irrita a este Gobierno: el recuerdo de lo que don Juan Carlos ha hecho por España. No lo pueden soportar, probablemente porque no hay un solo dirigente hoy en España que haya hecho por España la décima parte de lo que hicieron los protagonistas de la Transición, con el Rey a la cabeza. Dejemos por tanto de lado ese recuerdo, pero que al menos se tenga en cuenta que don Juan Carlos ha sido Jefe de Estado. Y que en España se acepta abiertamente a una serie de ex altos cargos que no siempre han tenido un comportamiento ejemplar en el ejercicio de sus responsabilidades.

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