La horterada macarena

Más que arte nos parece una metralla de Titanlux y una ofensa a los valores de la piedad religiosa

En Sevilla y Madrid el personal anda tirándose murales a la cabeza. La villa y corte ha estrenado con fuerza 2021. Tercera ola aparte, la capital sufrió la telúrica explosión de gas en la calle de Toledo y aún se recupera de la ira blanca de Filomena. Ahora andan con polémica de género por un mural feminista pintado en un polideportivo de Ciudad Lineal. La Junta de Distrito ha decidido borrarlo y sustituirlo por otro inspirado en el deporte paralímpico. Aduce el munícipe de turno del PP que en el mural morado hay más carga ideológica que sincera lucha por la igualdad. El murete de la discordia ofrece rostros de mujeres de combativo historial. Aparte de la inevitable Frida Kahlo (no sabemos qué le ven de icónico a la ubicua cejijunta), aparecen los retratos de la afroamericana Rosa Parks, la literata Chimamanda Ngozi o la filósofa marxista Angela Davis. También aparecen mujeres que el munícipe no considera ejemplares. Entre ellas la comandanta Ramona (que utilizó a niños soldado para el ejército zapatista de liberación), la Pavlichenko (francotiradora del ejército ruso y símbolo de la propaganda comunista) o la anarco-japonesa Kanno Sugako (voz de la violencia en el Japón de la era Meiji). Dice Podemos que "el integrismo machista no podrá destruir el arte y la lucha de los barrios feministas". Nos preguntamos a qué se le llama arte y si Madrid está dividido o escuadrado en barrios feministas y machistas.

En Sevilla, mientras tanto, se ha desatado un turbión respecto a la idoneidad o no del mural de la Virgen de la Macarena que la dirigencia del hospital homónimo ha colocado en una de sus rehabilitadas plantas. Somos más del mosaico bizantino de la Theotokos y de la dulzura divina pero heladora del Giotto. Respecto a la Macarena, recordamos con agrado el efecto pop que ideó Manolo Cuervo sobre el popular rostro de la Esperanza. El laicismo empanado ha cargado contra el mural por atentar supuestamente contra el Estado aconfesional (artículo 16.3 de la Constitución). Y el bando opuesto ha arremetido en las redes con más salivazos que argumentos contra el fanatismo laico. Pero nadie ha dicho nada sobre la valía artística del mural. Varios artistas han reinterpretado el rostro de la Macarena y lo han expuesto en serie, como si fueran estampitas deformes sacadas de una vieja billetera del mercadillo de El Jueves. Más que arte nos parece una metralla de Titanlux y una ofensa a los valores de la piedad religiosa. Creyentes, ateos, pasotas y hasta laicistas bobos y no bobos merecíamos otra cosa.

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