Paisaje urbano

Eduardo / osborne

La huida

YO quería hablar esta semana de Suárez, al hilo de la celebrada intervención de su hijo en el exitoso programa de Bertín. Y reflexionar sobre la importancia del consenso en la toma de decisiones, del respeto a las opciones contrarias tan bien traídas con las palabras de Alfonso Guerra o de la viuda de Santiago Carrillo, de las cesiones a favor del otro en beneficio común, de la fuerza del estado de derecho, de la libertad, de la democracia. No contaba (vaya contraste) con la resolución del Parlament que inicia lo que llaman desconexión de España, con el fin último de la creación, ahí es nada, de la república de Cataluña.

Muchos han sido los adjetivos utilizados para describir esta situación, inédita en nuestra historia, que se pueden resumir en el manifestado por profesor Pérez Royo, flamante candidato de Podemos y que nunca se ha caracterizado precisamente por ponerle candados a la patria: un disparate. Si hasta el veterano constitucionalista ha dicho eso, todos hemos de convenir que todo esto es, en efecto, un absoluto disparate. Ilegal, ilegítimo, iluso, tramposo, absurdo, gamberro, un solemne (nunca mejor dicho) disparate.

Romper con el Estado sin el mínimo apoyo exigible, porque si algo está claro es la enorme división que hay en la sociedad catalana al respecto, es además una barbaridad, una falta de respeto a las instituciones empezando por la propia comunidad autónoma de Cataluña, y denota un déficit claro de legitimidad. Sin pretenderlo, lo que han conseguido estos burgueses y anarquistas unidos es la imposibilidad de celebrar el verdadero referéndum que llevan años reclamando. ¿Cómo autorizarlo si ya de entrada nos dicen que no aceptarán el resultado? ¿Qué democracia es ésa en la que un tercio de sus electores imponen el modelo de estado? Que pregunten en Quebec, que saben algo de esto.

Ésta es, en realidad, la historia de una huida. Huyen de España, pero sobre todo huyen de sí mismos, de su propio fracaso, de su vergonzosa corrupción institucional, de su propia responsabilidad. Y con su huida lo hacen también del sentido común, de la verdad, y hasta de su propia historia. Qué político más nefasto este Mas, qué difícil nos lo pone incluso a los que preferimos diversidad a uniformidad. Y qué sociedad ésta tan permisiva con los que socavan los cimientos de la convivencia. Porque, no lo duden, al final la factura de este dislate la pagaremos los de siempre.

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