Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

De humor

GILA llegó a comparar el humor como "una estafa cerebral", al fabricar imágenes imposibles, creando absurdo y ficciones cuando la televisión, ni nada parecido, existía. Y Gila era un monologuista cuando no existían los monólogos. Aquellos diálogos inexistentes con el teléfono están instalados como un jarrón heredado en la memoria colectiva. La mitad invisible se adentraba este sábado (sí, en esa cadena perdida que se llama La 2) en la vida y experiencias de un pensador convertido en actor y humorista que conversaba "con el enemigo" cuando en España el ejército nos daba tanta risa que había que tomárselo muy en serio.

Juan Carlos Ortega es el timonel de este programa sobre arte, donde también cabe el humor, y que rastrea los detalles ocultos de las obras y sus autores. El sábado anterior fue para Un perro andaluz de Dalí y Buñuel, una mirada al surrealismo cuando el resto de canales se enfrascan en sus realidades comerciales. Y en esta última entrega puso voz a las respuestas telefónicas que nunca oímos en los números del anunciante de Filomatic. Un milagro de mentirijillas con el sello Ortega.

Gila, que ahora se daría un festín entre los fracasos de nuestros políticos, las primas de riesgo y tantos nombres griegos intraducibles, era un artesano de la caricatura de la vida cotidiana, del reverso de las formalidades. Era la mitad invisible de sí mismo y de una sociedad que fue transportando, más allá de las épocas, en unos monólogos que nos sabíamos de memoria. La mitad invisible forma parte de esa parrilla tan amplia y casi desconocida de La 2 que hay que saborear, porque en cualquier momento nos destapa la sorpresa de encontrarnos con Gila y sus hermanastros: Javier Cansado, Ortega y Forges.

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