De todo un poco

enrique / garcía-máiquez

g ibraltar es pañol

LO más nítido del Peñón es su imagen: la roca del Sísifo ibérico, una maldición a la que de vez en vez le tenemos que dar una escalada por la fuerza del destino, por el sino de la tragedia o, si no queremos ponernos míticos, por vergüenza torera. Y justamente hay que reconocer nuestra timidez generalizada a la hora de exigir que se acabe el último caso de colonialismo en Europa, dentro de las fronteras, además, de la Unión Europea. Incluso a los más patriotas nos da alipori el nacionalismo gritón, y no nos encontrarnos a gusto repitiendo consignas ni llamando "piratas" a los ingleses ni circulando por internet caricaturas hechas por Photoshop ni mentando a los monos. Aquí ni se ha desnudado nadie siquiera.

Preferimos remitirnos a los términos del Tratado de Utretch, tan traspasado, apelar al honor inglés, recurrir cándidamente a la ONU -que no se me ocurre mayor ingenuidad, exceptuando quizá lo del honor-, convocar a la UE, que ya es esperanza, y defender los intereses de nuestros pecadores. También denunciamos que Gibraltar es pañol de contrabandistas, de traficantes, de blanqueadores de capital y de evasores de impuestos. Eso es lo único que ahora nos animamos a corear: "¡Gibraltar es pañol! ¡Gibraltar es pañol!"

Siendo en el fondo tan triste, le echamos humor, que es una de las formas más pudorosas de llevar una herida. Leo en Twitter, por ejemplo, que más nos vale andarnos con ojo, no vayan a hacernos, entre Gibraltar y Andorra, la pinza.

Quienes no parecen tomárselo con humor (o con un humor que no me hace gracia) son aquellos compatriotas nuestros (a su pesar) que presumen de que la Roca les importa un pimiento, pero que manifiestan, o molestos o enfadados, su apoyo a Gibraltar. Contra ellos tampoco corearé. Son claves para entender lo que nos pasa. Nadie te derrota si no te traicionas antes a ti mismo, y eso, tan optimista como exigente, se cumple al pie de la letra en esta España donde la sombra de Caín ha tomado un cariz nacionalista y otro pasota, una sombra bífida, diríamos.

Lo cual explica por qué hemos llegado hasta aquí. Me daría con un canto en los dientes, o con la cabeza contra una roca, si así suena más llanito, con que el Gobierno perseverase en defender las razones que en este problema enrocado nos asisten; y que la mayoría de los españoles, sin histerias y sin perder el amén, se lo exigiéramos, y lo sostuviésemos en sus reivindicaciones.

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